Hoy no escribo como un simple gobernante, sino como un testigo del sacrificio, la resistencia y la voluntad inquebrantable de un pueblo que se negó a desaparecer. Durante meses fuimos despojados, humillados y sometidos; nuestra bandera fue pisoteada y nuestros estados arrancados uno a uno. Pero México no murió… México esperó.
Y hoy, finalmente
Cada rincón de nuestra tierra, desde el norte indomable hasta el sur profundo, ha sido liberado. Nuestros estados, antes oprimidos, hoy se alzan firmes y resplandecen de verde, el color de la esperanza, de la vida y de la soberanía recuperada. Ese verde no es solo un símbolo: es la prueba viva de que la patria ha sido restaurada por la sangre y el valor de su gente.
No fue obra de un solo hombre. Fue la voluntad de campesinos que tomaron las armas, de soldados que no cedieron, de ciudadanos que nunca olvidaron lo que significa ser mexicano. Fue la unión de un pueblo que entendió que la patria no se negocia, se defiende.
Hoy comienza una nueva era.
Una era donde México no será jamás doblegado nuevamente. Donde nuestras alianzas serán firmes y nuestro espíritu inquebrantable. Hemos aprendido, a un alto costo, que la debilidad invita a la invasión, pero la unidad construye naciones eternas.
Mexicanos: celebren, sí… pero no olviden.
La libertad conquistada debe ser protegida con la misma determinación con la que fue recuperada. Que este día quede grabado en la historia como el momento en que México dejó de resistir… y comenzó a dominar su destino.
La patria ha vuelto.
Y bajo este cielo verde de esperanza, les digo con firmeza:
México no volverá a caer.
Presidente Porfirio Díaz
