Esta historia se desarrolla como complemento a las escritas por https://app.warera.io/user/6822545f9140c609b9528c17 : https://app.warera.io/article/6a47d90afaf7d53e032c588c y su segunda parte https://app.warera.io/article/6a490c76858751f39f5ef0e9
Es la primera vez que me animo a hacer imágenes "desde cero" con IA y espero ir mejorando con el tiempo. Gracias a https://app.warera.io/user/698b7709852386695bda068a por echarme una mano con la última, que se me resistía.
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Antigua Andorra la Vella. Ahora: El Sagrado Mandato de Andorra.
El día es frío y lúgubre. La atmósfera está cargada y amenazante. Nadie en Andorra recuerda un frío como este en esta época del año.
El castillo tampoco parece el mismo. La alegría y calidez de tiempos pasados se ha marchitado. Algún grito y lamento desgarra el silencio desde las profundidades de las mazmorras. Las metálicas pisadas de sobre el suelo de piedra hacen eco a través de los pasillos. Viste su imponente uniforme militar de inquisidora. No importan los lamentos de fondo, no importan las lágrimas que le queman de frío los ojos enrojecidos; https://app.warera.io/user/6834a52677410036463f8d2b ha sustituido su juramento de lealtad a Jaume por otro juramento a una causa aún más elevada. Lo único que importa es que Dios haya estado de acuerdo con su elección.
A medida que avanza por los pasillos, su determinación crece. Apenas se cruza con nadie. El frío la serena lo suficiente para recordar las estrictas instrucciones de escolta. No puede haber ningún error.
Lo que hoy se está forjando va más allá de los setecientos cuarenta y ocho años de historia del país; es más importante que su cabeza, más importante que su pueblo y, con toda probabilidad, más importante que la salvación de su alma.
La puerta está cerrada. No se escucha sonido alguno en el interior.

Llama con tres golpes secos, metálicos y contundentes. Pasan unos segundos.
Adelante. Se escucha desde el interior.
Abre la puerta de madera, que cruje y se lamenta. Una bocanada de aire helado golpea su cara y arrastra el vaho de la General y sus pelos dorados hacia atrás. Ante ella, una modesta habitación palaciega de piedra oscura. La chimenea está apagada. El balcón de doble arco está abierto, permitiendo que la fría e intensa luz del exterior entre, contrastando la penumbra interior.
Una figura solitaria. Está de pie y de espalda mirando por la ventana. En silencio. Contemplando la ciudad. Nunca recuerda haberla visto sin su armadura de placas.

Nonagésimus. Todo está listo. La catedral está llena y la ciudad vacía. Es el momento.
La Reverenda Madre permanece en silencio. Impertérrita. Mira por última vez la ciudad.
