Tercera parte de la historia, que empieza en https://app.warera.io/article/6a4d2987110a2cc2aafff0de como un complemento a las historias de https://app.warera.io/user/6822545f9140c609b9528c17 , que también puedes consultar empezando por aquí https://app.warera.io/article/6a47d90afaf7d53e032c588c
Además, echa un vistazo a los de https://app.warera.io/user/6a0ad9db09524c84480dcbc7 con https://app.warera.io/article/6a5242d476e20078101c5a73 y los de https://app.warera.io/user/6989c5052c44fa30e46e7f06 que también amplían todo el "universo" e historia con el primero: https://app.warera.io/article/6a464e3a3d44dd436b3bd91a
Historia basada en los acontecimientos pasados en España y Andorra, pero con ficción para intentar que sea más llevadera.
Aprovecho para los créditos de los mencionados en esta historia, que son unos cracks y han ayudado muchísimo a la comunidad. No hay nada de rencor, odio, ni nada parecido. Todo lo que cuento aquí es parte de la historia, pero nada más.
PD: el texto en cursiva lo he puesto para que se note el cambio de tiempo real y recuerdo. Así que la cursiva significa recuerdo.
La tibia y vacilante luz de las velas apenas lograba arañar la penumbra de su despacho, rindiéndose ante la pálida y fría claridad de la luna llena que se filtraba por los imponentes ventanales góticos a su espalda. A su izquierda, las fauces de la gran chimenea abierta devoraban la leña; sus llamas danzantes proyectaban sombras alargadas y sobrenaturales que trepaban por los muros como espectros. En aquella estancia, el lúgubre crepitar del fuego era el único testigo que rompía el gélido silencio de la noche.
Con el giro pausado de una llave metálica, abrió el primer cajón de su escritorio y extrajo un archivador lacrado, sentenciado en letras capitales: MÁXIMO SECRETO. Dispuso el contenido sobre la madera noble con una solemnidad casi fúnebre: una libreta infantil, varias fotografías impresas con el rigor de una investigación criminal y un extenso informe que ostentaba el sello de https://app.warera.io/mu/6a461be3eb39ea22475a6f68 bajo su propia firma rúbrica.
Aquella pequeña libreta era la prueba fehaciente de una inocencia truncada; la víctima anhelaba ser periodista y alzar la voz en el Andorra Today. La portada mostraba el tosco dibujo de una niña sonriente ataviada de reportera, bajo un título que imitaba la tipografía del célebre periódico. Sus dedos recorrieron las páginas con una delicadeza extrema, temerosa de que el papel se deshiciera entre sus manos, del mismo modo en que aquella desdichada familia se había quebrado para siempre.

“24 DE OCTUBRE.
A todos los vecinos de Andorra. Hoy es un día muy importante para vuestra reportera favorita y de confianza: mi nueva mejor amiga, Lilo, se incorpora a mi familia. Hemos adoptado a una perrita que encontré en un paseo una investigación súper importante a las afueras de la ciudad. No puedo dar más información sobre qué hacía allí, pero pronto tendréis noticias.
Hoy me voy a coger unas vacaciones para enseñar a mi amiga a no morder las chanclas de mamá, pero volveré pronto con noticias frescas.”
Hojeó las páginas pobladas de dibujos infantiles que retrataban las crónicas cotidianas del pueblo, hasta detenerse en el último folio escrito, fechado apenas el día anterior a la catástrofe.
“¡Hoy es el día!
Vuestra reportera favorita y de confianza ha conseguido una exclusiva en la redacción de Andorra Today y podré entrevistar nada más y nada menos que a Jastro y Olivello. Han oído leído bien, mis queridos lectores, a los mismísimos Jastro y Olivello.
Hoy el día está especialmente tranquilo y silencioso en la ciudad, pero nada podrá fastidiar tan maravilloso evento. Espero poder subir a lomos de Olivello y pasear por la redacción, pero papá dice que no debo preguntarle eso.
Mis fuentes más cercanas y Lilo dicen que se sospecha que hay una sorpresa preparada para esta reportera. Una de mis fuentes se ha colado por la ventana de la redacción y ha visto una librera OFICIAL del periódico. ¿Será para mí? Os mantendré informados.”
No había sido una decisión sencilla; nunca lo eran, pero alguien debía cargar con el peso del verdugo. Gobernar no es un vulgar concurso de popularidad, sino un ejercicio de resistencia trágica. Ya había cometido el error de la debilidad en España y juró ante su propia sombra no repetirlo jamás: el poder absoluto se ejerce con fiereza, no se comparte. Se requería una mano de hierro implacable para aplastar la disidencia antes de que la ponzoña pusiera en jaque la seguridad de la patria. Aquella familia era culpable de disidencia y los informes lo corroboraban.
Mientras contemplaba aquellas páginas muertas, arropada por el calor hipnótico de la chimenea, los muros del presente se disolvieron y su mente se hundió en los abismos del recuerdo.
Estaba sentada en la penumbra del Cuartel General de https://app.warera.io/mu/690ffaf9fec87ce6645bf32f . Sobre el tapete de la mesa descansaba una carta sellada; no le hacía falta rasgar el sobre para conocer su funesto mensaje, pues sabía que en escasos minutos tendría que descender a la arena y rendir dolorosas explicaciones.
Los efímeros tiempos de paz y opulencia se habían evaporado como el vaho en el invierno. Los heresiarcas, los eternos disidentes y los adoradores de falsos ídolos se sentaban ahora frente a ella en los escaños del parlamento, aglutinados bajo el siniestro nombre de https://app.warera.io/party/698e55c4b8e3d16e70acc270 . De sus bocas brotaban promesas falsas y discursos vacíos, pronunciados entre colmillos afilados que destilaban una ambición inhumana, lavando el cerebro de una España que tanto sudor y sangre había costado reconstruir.
Desde el desembarco de aquellos extraños forasteros, el veneno de la duda había infectado a otros compatriotas, quienes no tardaron en desgajarse para fundar nuevas facciones políticas. La mayoría eran siglas irrelevantes destinadas al olvido, pero hubo una deserción en particular que le partió el alma: https://app.warera.io/party/698d02c680a3ceff325a1813 (RPS).
Kanuta, Froilán y Haggard. Evocaba con una nostalgia punzante sus primeros días en la formación militar nacional; recordaba cuán jóvenes y desorientados andaban por entonces. En aquellos años dorados, ella había volcado su propia alma en moldear a las nuevas promesas del país, custodiando sus pasos durante sus largos inviernos de estudio. Cada uno poseía una virtud única, un talento singular que, engarzado con los demás, prometía edificar un bastión inquebrantable para la nación.
Histérica misma había movido los hilos necesarios en las sombras de https://app.warera.io/party/698d014270ab05a41f2e30f5 para que Kanuta iniciara su ascenso en la corte política, hasta encumbrarla en el prestigioso Ministerio de Asuntos Exteriores. Juntos, codo con codo con el emperador Carlos V en las carteras de Economía y Defensa —esta última bajo su propio mando militar—, habían alcanzado hitos que creyeron eternos.
Froilán, por su parte, descendía de un noble linaje de monarcas. Poseía un magnetismo natural con las gentes y un ardor sincero por rescatar a su patria. Durante años, el estado había intentado implantar un sistema de prácticas laborales para la juventud estudiantil que jamás lograba fructificar, pero el empeño del Borbón rompió el maleficio. Ella misma tuvo que conspirar en los pasillos del partido y presionar a los lobbies para que, finalmente, Carlos V firmara la aprobación del que sería bautizado como el Plan de Apadrinamiento Nacional (PAN).
Y luego estaba Haggard. Su ingenio y humor eran un bálsamo capaz de insuflar valor y levantar la moral de las tropas en las noches más oscuras de campaña. Obedecía sin pestañear y desenvainaba la palabra para defender al Partido siempre que la tormenta arreciaba, una lealtad ciega que ella atesoraba con orgullo... Quizás por ello, el puñal de su traición penetró con tanta vileza en su pecho.
La primera grieta la abrió Kanuta al engendrar ese simulacro de partido llamado RPS. Abandonó el ministerio y dio la espalda a su historia para consagrarse a un pedazo de papel pretencioso que osaron llamar Carta Magna; la memoria se le enturbiaba al intentar recordar si fue el infame terrorista de Sierra Leona quien sedujo a Froilán, o si fue el espejismo utópico de RPS lo que terminó por arrastrarlo a abandonar las filas para marchar junto a Kanuta y sus secuaces.
Sin embargo, lo que verdaderamente desangró su espíritu fue aquella maldita misiva: la apostasía de Haggard.
Había sido un golpe devastador. Hacía eones que no se veía obligada a consumir tantas energías en el tablero electoral. La vieja guardia de la nación se hallaba exhausta, reclutada por el cansancio, y encontrar candidatos dignos para el Congreso se había convertido en un calvario; mientras tanto, Inkietud y RPS devoraban la atención pública, alimentándose como parásitos del inevitable desgaste que conlleva el ejercicio del poder. Haggard se perfilaba como el peón perfecto: sumiso, disciplinado y aparentemente desprovisto de ambiciones dinásticas. Qué trágico y fatídico error de cálculo. Como dictaba la costumbre, los comicios se desarrollaron bajo el diseño previsto; cada escaño parecía el resultado de una disección quirúrgica impecable. Solo existía un remedio para purgar el veneno de la desconfianza, pero el reloj corría en su contra: la mayoría absoluta planeada se desvaneció en el aire, de la misma forma en que los antiguos enemigos de España habían sido borrados bajo su implacable yugo tiempo atrás.
La reunión que se avecina sería despiadada y tendría que dar muchas explicaciones. Aquel dominio absoluto, erigido con tanto sacrificio, se había deshecho entre sus dedos como la ceniza. Y la culpa, una culpa trágica y eterna, recaía únicamente sobre sus hombros.
...

Desciende despacio a la escasa luz de la llama por una escalera inacabable excavada en los cimientos de la construcción, hasta que un estrecho recodo lo deja ante la claridad y los murmullos de una enorme sala de piedra.
En ella hay exactamente seis personas: políticos, militares de alta graduación, aristócratas, hombres de banca, miembros destacados del clero y otros prohombres demasiado importantes como para ser definidos según las categorías habituales. Todos sentados en una alargada mesa de madera que ha visto pasar muchos años, pero pocas personas.
Todos esperan a la Ministra, que avanza con paso firme bajo la inestable luz de los candelabros. Rodea la mesa, se sienta y coloca un sobre sellado frente a ella.
Por un momento todo se vuelve confusión en la mente de la Inquisidora General: el poder se les escapa. Pero enseguida recupera la compostura. Abre el sobre y lo lee en silencio. Todos guardan silencio mientras pasa despreciativamente las páginas, con indiferencia. Ya está al tanto de su contenido.
Dirige su mirada rencorosa y su voz aspirada, llena de furia constreñida, al impaciente auditorio.
—Haggard, ese ser débil e impío, ha cedido a la extorsión de los correligionarios del Demonio y abandona la Casa de los Habsburgo para favorecer un gobierno de Inkietud y RPS.
No hay reacciones entre los concurrentes. Todos esperan que aquella mujer traduzca en palabras las decisiones que van a cambiar el curso de sus vidas y de las vidas de tantas personas.
No los decepciona.
—Nos hemos reunido aquí para trazar una difícil senda. Un nuevo y sagrado mandato en defensa de los valores que este impío país ya no sabe preservar por sí mismo. En cuanto se haga público el contenido de esta carta que acaba de llegar a mi poder, La Casa de los Habsburgo, el máximo instrumento de protección de la fe y nuestros valores, con el que durante años hemos combatido los peligros que acechaban a la Divina Trinidad, habrá quebrado formalmente frente a nuevas organizaciones herejes.
Vestida con su armadura de placas, Histérica, con los brazos apoyados en los brazos de su sillón tapizado de tercio pelo, observa intensamente a aquellos espectadores procedentes de diversos puntos de España, atenta a cualquier signo de disidencia. Una carrera imparable truncada para siempre por un congresista adverso. Es consciente del impacto que tendrá el desenlace del nuevo proyecto personal que está iniciando, y va a asegurarse de que su paso por la historia tenga consecuencias definitivas.
—No voy a extenderme. Ya ha pasado el tiempo de las palabras. A todos los presentes nos constaba hace tiempo que esta situación podía producirse y nos hemos preparado para cuando llegara este momento. A todos los presentes nos constan las amenazas que se ciernen sobre nosotros. Y a todos nos consta cuál es nuestra obligación. No voy a renunciar al poder.
Resuenan las palabras bajo la bóveda oscura, fría y húmeda de la vieja sala.
Más resuenan los silencios.
— El nuevo proyecto comenzará en Los Pirineos, pues este país debe arder primero. Ya sé que nos esperan innumerables escollos para alcanzar el poder. Tendremos que reconstruir el armazón judicial, administrativo y ejecutivo del nuevo Sagrado Mandato. Redistribuir los Distritos. Dotarlos de hombres fieles, de instalaciones adecuadas, de comunicaciones seguras y raudas, de medios monetarios suficientes, de procedimientos ágiles y prudentes pero implacables. De un férreo sistema de control por el cual yo sea la máxima responsable. Una tarea colosal, cuyas dificultades se verán extremadamente acentuadas por la indefectible necesidad de actuar siempre en el más estricto de los secretos.
El brillo de sus ojos crece en la misma proporción que aumenta el volumen de su voz, haciéndose más patente la resolución de sus palabras.
—La Alianza, que hoy nace, no cometerá más errores. Hoy comienza una de las más cruentas guerras de las que hemos librado. Nos han expulsado de nuestros despachos y templos que legítimamente nos pertenecen; por lo tanto, tenemos que regresar a los subterráneos, por ahora. Seamos fuertes. El infierno les espera.
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"Off-rol": Parta de este texto es una adaptación propia del libro de Juan Ramón Biedma: El Manuscrito de Dios.