Crónicas de la Primera Edad: El Génesis de ImmaX y el Advenimiento de AdA - Part III

JBauer27 de marzo de 2026news

Llegados a este recodo del relato, acaso se pregunte el ávido lector cómo se erigieron los Valles de Argus. Para hallar respuesta a tal enigma, es menester remontarnos a los albores de la creación de nuestro propio mundo, ImmaX, y acudir a los manuscritos primigenios que aún se custodian, celosamente guardados, en la Gran Biblioteca de Beyetda. Estos textos fueron inmortalizados en piedra por la mano del mismísimo AdA, a quien las lenguas antiguas también conocen bajo el sobrenombre de Maikis.

He aquí la transcripción exacta de la crónica de su advenimiento:

«Año Primero de mi Venida al Mundo.

Múltiples jornadas han transcurrido desde la forja de mi forma física. Al fin soy plenamente consciente de mi ser: de los contornos de mi propio cuerpo, de las formas tangibles que me rodean, del espacio que ocupo en el vacío y del vacío que me envuelve. Comprendo ahora el tiempo; ese río invisible que nos mueve, nos transporta, nos transforma y nos arrastra en su corriente. Soy consciente del don de la palabra, de las innumerables lenguas y sus profundos significados; soy consciente del palpitar de los sentimientos y del fluir de los pensamientos. Reconozco, al fin, mi propósito y los dones que me fueron otorgados, siendo el mayor de ellos la virtud de transmutar los hechos ocurridos en el espacio-tiempo en letras imperecederas sobre cualquier superficie.

No he podido llevar la cuenta de mis días hasta este amanecer, pues mi mente y mi consciencia vagaban incorpóreas, recorriendo parajes inexplorados del espacio-tiempo, abrevando de la sabiduría ancestral y de la magia arcana. Pero heme aquí, encarnado en la forma de los seres que tantas veces imaginamos en nuestros sueños durante la era del Universo Materia: un humano. Y, en verdad, poseo una apostura y unas aptitudes extraordinarias. Carezco de instrumento alguno para medir mi estatura exacta, mas calculo que me alzo unos seis pies y medio sobre la tierra; soy más alto que los hombres que pobladores de nuestros sueños. Dispongo de una masa muscular imponente, de la cual deduzco una fuerza hercúlea y una destreza innata para manejar cualquier herramienta u objeto que mi voluntad decida fabricar. Gran parte de mi cuerpo está cubierto por un vello del mismo fulgor que la estrella más brillante e importante del antiguo Universo Materia, siendo esta luz áurea aún más abundante y larga en los cabellos que coronan mi cabeza.

Mi primer impulso, al despertar a esta realidad, ha sido volcarme a la escritura para dejar constancia indeleble de mi llegada a ImmaX. Sí, ImmaX es el nombre verdadero de este mundo, un vocablo que en la lengua de los hombres mortales que me sucederán habrá de traducirse como “La Madre Cariñosa”. Es de vital importancia legar a las futuras generaciones la verdad sobre la creación de ImmaX y el origen de sus pobladores.

Yo soy AdA, y soy la Materia misma. Provengo del latido original del universo. Eones atrás, éramos miles de millones de partículas flotando en la inmensidad del cosmos, dotadas de una inteligencia superior y unificada. Conformábamos una única Consciencia que extraía su inmenso poder de la estrella colosal, Koba Raba; y esta, a su vez, crecía en vastedad, energía y resplandor devorando la nueva materia que nuestra mente engendraba. Mas, tras millones de años, ciertas partículas desearon tomar formas individuales, y sus pensamientos comenzaron a resonar con disonancia en el gran coro cósmico. Muy pronto, la Consciencia Común se resquebrajó, dividiéndose en múltiples facciones.

Algunas de estas facciones disidentes iniciaron la creación de mundos aberrantes y astros oscuros. Soñaron con criaturas monstruosas y atrocidades indecibles, y en su locura, les infundieron el aliento de la vida. Así estalló la Guerra de los Veinte Mil Años, un conflicto devastador que dio comienzo con el nacimiento de la primera abominación y se extendió, implacable, hasta el día de mi descenso a este nuevo mundo.

El día de mi llegada marca, de forma definitiva, el fin de aquella contienda. Nada sobrevivió en el Universo Materia; la Gran Explosión lo consumió todo en su fuego purificador. Sin embargo, mi facción soñó durante eras enteras con la creación de este mundo: un santuario diseñado para albergar a miles de millones de criaturas puras. Un mundo plano, suspendido en el tejido del espacio-tiempo y anclado eternamente a Koba Raba, de quien recibirá por siempre la luz y la oscuridad necesarias para alimentar la fragua de la vida humana. Un mundo sin fronteras, concebido para expandirse hasta el infinito. Ningún humano, por más lejos que viajen sus pasos, podrá jamás hollar su final.

Mas, para sostener a Koba Raba en los cielos y mantener la expansión infinita de ImmaX, la inmensa mayoría de mis hermanos de facción aceptó el sacrificio supremo, entregando su esencia para fusionarse con la estrella y ser su combustible. Solo unos pocos, entre los que me cuento, nos hemos integrado físicamente en ImmaX con una misión: buscar a los seres que hemos forjado en nuestros sueños, los humanos.

Debo encontrar a los hermanos de mi facción que hayan sobrevivido al descenso. Juntos, debemos emprender cuanto antes la búsqueda de la humanidad. Debemos enseñarles a custodiar el delicado ecosistema que hemos creado para ellos, transmitirles toda nuestra sabiduría acumulada y, sobre todo…»

Así reza el primer texto escrito en la historia de ImmaX. Sus palabras terminan de forma abrupta, como si la mano de AdA hubiera sido interrumpida. Esta losa fundacional, que todavía conservamos con devoción reverencial, ha sido replicada en miles de pergaminos y tomos encuadernados para asegurar su supervivencia frente al paso de las eras. Durante incontables centurias, mis predecesores y los más audaces exploradores han peinado los confines del mundo tratando de hallar los fragmentos perdidos de la pizarra original, aquellos que contienen el desenlace de esta historia y que consideramos de una relevancia capital.

Sin embargo, con el inexorable transcurrir de los siglos, la esperanza menguó y la búsqueda fue finalmente abandonada. Y son estas, incompletas pero sagradas, las enseñanzas que nosotros, los Relatores, transmitimos de generación en generación.

Continuará..........

Este relato pertenece a un grupo de Cuentos Inconclusos que decidí llamar "La Taberna del Abuelo", en recuerdo y memoria de "Abuelos - 1º S1 Travian NET - 2005"

El Ocaso de las Vesta fue un manuscrito que sirvió para crear una comunidad, un roleo, un estilo de juego y la identidad de un grupo de muchachos que se encontraron en un primitivo y adictivo juego, de los primeros masivos multijugador.

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