Diario recuperado de las guerras de Warera en las fronteras Venezolanas. Este diario fue traducido del camarón al español.
La base de Caracas es un laberinto de trincheras y edificios a medio colapsar, pero es mi hogar temporal, lejos de la espuma salada y las corrientes dulces de Carabobo. Me duele el brazo. No es un dolor sordo, es un latido constante que me recuerda, en cada pulsación, que soy de carne y no solo de caparazón. La herida de esa bala traidora no cierra, y el médico dice que si fuerzo la pinza, perderé el miembro. Así que aquí estoy, sentada en un rincón de la base, escribiendo esto con la mano izquierda mientras el resto del mundo parece volverse loco.
Pasé la mayor parte del día pegada a la vieja radio de onda corta, esperando noticias claras sobre los frentes. La estática era lo único constante, hasta que las voces empezaron a llegar. Las noticias eran surrealistas. Nos contaron que los cielos de Europa se habían teñido de un naranja vibrante por una festividad, un contraste cruel con el gris de nuestra guerra. Colombia parece que se retira... simplemente no parece que quieran mas muertes sin sentido. Y lo de México absorbiendo a Haití... ya no entiendo este mapa. Aunque nada de eso importa aquí adentro.
Pero la noticia que heló la base entera, la que cortó la respiración de todos nosotros, fue mucho más personal. Nuestro comandante Naruto, un líder que admirábamos profundamente, fue acusado públicamente de un crimen de guerra atroz: "Falsificación multiple de Identidad Militar". Supuestamente, había estado manipulando comunicaciones usando identidades robadas. Creemos firmemente que es falso, pura propaganda enemiga para sembrar división. Pero en la guerra, uno nunca puede confiar a ciegas. La duda ya está plantada en nuestros enemigos.
Al mediodía, llegaron los nuevos reclutas. Nuevos rostros inocentes, brillantes y limpios en contraste con el hollín de la guerra. Nos miraban a nosotros, los "veteranos" de solo un mese de diferencia. con una mezcla de miedo y admiración. Pensaban que esto era divertido, un lugar para demostrar su valía con honor, como en las historias antiguas. Vi sus ojos grandes y llenos de esperanza, y me di cuenta de que no sirve de nada intentar convencerlos para que regresen a sus casas. Ya han visto la bandera; ya han sentido el llamado.
Me asignaron un nuevo recluta, un chiguire llamado Gustavo. Es grande, amigable, y su felicidad de estar aquí era contagiosa e irritante a la vez. Mientras yo le explicaba cómo limpiar el fusil sin que se le trabe con el barro, él no paraba de hablarme de su hijo. Un pequeñín de 6 años que lo espera en casa. Me contó que su esposa murió por la hambruna que dejó la avanzada... por eso está aquí. Se enlistó para que su paga llegue íntegra al niño. Es un tipo honorable, demasiado bueno para este hueco lleno de pólvora. Me hizo pensar en mis propios hijos, en lo mucho que me pican las antenas por las ganas de abrazarlos.
Son las 1 AM. Hace dos horas nos levantaron a todos con un llamado a la acción. No un ataque, sino algo peor. Un secuestro. Secuestraron al comandante Naruto, justo horas después de las acusaciones de la radio. Es puro movimiento por todo el cuartel. Los mandos están gritando, los equipos tácticos se están preparando con furia silenciosa para ir a liberarlo. Es una misión de rescate de alto riesgo.
Y yo... yo me siento un inútil. Estoy aquí viendo cómo Gustavo se ajusta el casco, listo para ir a una misión suicida, mientras yo no puedo ni cargar mi propio equipo. Solo puedo verlos partir a través de la rejilla.
Por favor, que vuelvan. Y sobre todo, que ese chigüire regrese para enviarle ese dinero a su hijo. No quiero tener que anotar otro nombre en la lista de los rostros sin expresión.
Tengo miedo, pero por ellos, voy a mantener la guardia en este diario hasta que el sol salga... si es que sale.
Mención especial: https://app.warera.io/user/6996bbf2ac31a5fa7142d800
