DUCKVERSE | Capítulo nº4 - La Novena Marca

Howard_I_El_Pato15 de octubre de 2026news

LA NOVENA MARCA

Sr. Cuack sabía demasiado. El problema fue no saber para quién trabajaba.

Sr. Cuack llevaba años sobreviviendo gracias a una habilidad muy concreta:

estar siempre en el bando correcto.

O, al menos, eso pensaba.

Dirigía TelePato para el régimen de Howard I.

Recibía órdenes de Cuackastro desde México.

Y, en secreto, mantenía conversaciones que ninguno de los dos conocía.

Sr. Cuack jugaba a varios bandos.

Hasta que uno de ellos decidió dejar de jugar.

Una mañana no acudió a TelePato.

Tampoco respondió al teléfono.

Horas después llegó la noticia.

Sr. Cuack había muerto.

Sin testigos.

Sin reivindicación.

Sin un responsable evidente.

Solo había algo extraño.

Junto a él apareció una pequeña pluma negra manchada de cera verde.

Y sobre una superficie cercana…

nueve pequeñas marcas.

Nada más.

La policía lo consideró una rareza.

Howard no.

UNA HISTORIA ANTIGUA

Patobello pidió revisar casos antiguos.

Y encontró algo.

Años atrás, otras personas relacionadas con secretos de Estado habían muerto en circunstancias igualmente extrañas.

Un empresario.

Un militar.

Un antiguo funcionario.

Personas sin relación aparente entre sí.

Pero en los archivos aparecía siempre alguna variación del mismo detalle:

una pluma negra.
Restos de cera verde.
Nueve marcas.

Nunca hubo culpable.

Nunca hubo sospechoso común.

Aquellos expedientes fueron olvidados.

Hasta ahora.


Mientras tanto en México...

Cuando Cuackastro recibió una fotografía de la escena, no preguntó qué había ocurrido.

Preguntó otra cosa.

—¿Había nueve?

—Sí.

Cuackastro cerró los ojos unos segundos.

—Entonces no fue un accidente.

—¿Sabes quién ha sido?

El Mexipato tardó demasiado en responder.

—Sé quién podría haberlo ordenado.

—¿Quién?

Cuackastro apagó el teléfono.

No respondió.

Porque aquel símbolo pertenecía a una historia que nadie en el Sagrado CuackMandato parecía recordar.

Nadie excepto él.

Y ella.


TELEPATO NO PUEDE PARAR

El régimen necesitaba una televisión.

Y TelePato necesitaba una directora.

Howard tomó la decisión rápidamente.

SILVI LA PATA ORRIOLS

Nueva Directora General de TelePato

Silvi entró en el despacho de Sr. Cuack la mañana siguiente.

Todavía quedaban algunas de sus cosas sobre la mesa.

Observó la silla vacía.

Después miró a Howard.

—¿Debería preocuparme?

Howard señaló el despacho.

—Depende de cómo hagas tu trabajo.

Silvi sonrió.

—Entonces dormiré perfectamente.

Howard abandonó la habitación.

Silvi se sentó.

TelePato volvía a tener dirección.

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