¡Ciudadanos! ¡Hijos de la Patria!
En este día de solemne gloria, me dirijo a ustedes no solo como su Presidente, sino como un viejo soldado que reconoce la fibra del heroísmo cuando la ve. La historia de México ha sido forjada a hierro y fuego, y hoy, los anales de nuestra epopeya nacional deben abrir un espacio de honor para un guerrero que personifica la resistencia indomable de nuestra raza.
Me refiero, por supuesto, al joven ministro de Defensa /user/684f5a4bde35509db16e07f7.
En el fragor de la contienda más encarnizada que ha visto nuestra tierra, este digno heredero de los caballeros águila ha demostrado una destreza que desafía la lógica de la milicia moderna. Los informes de mis generales son contundentes: el ciudadano Cuauhtémoc ha infligido la astronómica cifra de 8 millones de puntos de daño a las filas enemigas.
"La paz es la mayor de las bendiciones, pero cuando la soberanía se ve amenazada, la furia de un solo hombre puede valer por un ejército entero."
Este nivel de devastación estratégica no es producto del azar, sino de la disciplina, el orden y un espíritu inquebrantable que ha dejado a los adversarios de nuestra administración sumidos en el asombro y la derrota.
Por tales hazañas, que lo sitúan como el mexicano más sobresaliente en el actual teatro de guerra, he decidido otorgarle la Gran Cruz de la Orden de Guadalupe. Que esta medalla, que hoy brilla sobre su pecho, sea el símbolo de la gratitud de una nación que progresa gracias al sacrificio de sus mejores hombres.
/user/684f5a4bde35509db16e07f7 no solo ha defendido nuestras fronteras; ha elevado el estándar de lo que significa ser un patriota en este siglo que comienza. Mientras yo sostenga las riendas de esta nación, el valor será recompensado y el orden será mantenido, cueste lo que cueste.
¡Viva México! ¡Viva el progreso! ¡Honor a quien honor merece!
Palacio Nacional, a 17 de abril de 2026.
Porfirio Díaz, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos
