El Alce de Jade

Una carta llegó a mi habitación en Takayama. Una carta que anunciaba la muerte de mi padre. Era directa y escueta. En ella se me informaba de que debía regresar a España para recibir mi herencia: una casa grande y vieja, un título de conde y el periódico familiar.
Nunca debería haber heredado nada.
Nací como el cuarto de mis hermanos, pero ninguno de ellos sobrevivió a la invasión marroquí. Marcos cayó luchando en Sevilla. Miguel, víctima de una sífilis crónica, murió en Soria. Matías murió de pena; pena por una España derrotada.
Ahora estoy de vuelta en una España nueva. Una España extraña.
En las calles se escuchan nombres: la Raíz, la Orden Carmesí, la Inkietud. María Pita gobierna el país. Histérica, exiliada, resiste con sus leales en los Pirineos. Hay una guerra en el Este de Europa y otra al otro lado del Atlántico. A ojos de muchos, son acontecimientos que dibujan un mundo incierto. A ojos de un editor, son historias que merecen ser contadas.
Por ello, me congratula anunciarles que, una vez me haya familiarizado con la situación actual de la patria a la que he regresado, retomaré el periódico de mi familia: El Alce de Jade.
Incorporaremos, además, una nueva sección internacional, con el propósito de ofrecer a nuestros lectores información de un mundo cada vez más conectado entre sí. España ha cambiado. El mundo también. Y nosotros estaremos allí para contarlo.
Cordiales saludos a nuestros futuros lectores españoles y extranjeros.