Durante meses, Aureliano Buendía había dedicado sus conversaciones a los asuntos de la economía de Macondo. Hablaba con Soplete, Lismale y los demás sobre cuentas, negocios y la manera de sacar adelante al país. Pero una mañana llegaron noticias que cambiaron el rumbo de todas las conversaciones: el país vecino había entrado en guerra con el país vecino en los Andes Colombianos.
Aureliano escuchó las noticias en silencio. Después extendió sobre la mesa los mapas que hasta entonces había utilizado para estudiar la economía y comenzó a señalar las fronteras. Simon_Bolivar_ intentó convencerlo de que todavía había tiempo para buscar una solución pacífica, mientras Lismale le preguntaba qué pensaba hacer.
—Hasta ayer estábamos en modo economía —respondió Aureliano—. Pero la historia decidió cambiarnos el juego.

Nadie volvió a hablar durante unos segundos. Aureliano guardó sus documentos económicos y tomó los mapas de la guerra. Comprendió que Colombia ya no necesitaba solamente un administrador, sino alguien dispuesto a defenderla.
—Desde este momento —dijo—, se acabó el modo economía. Colombia entra en modo guerra.
Y desde aquel día dejó de presentarse simplemente como Aureliano Buendía. Ante sus compañeros, ante Macondo y ante la historia, comenzó a llamarse Coronel Aureliano Buendía.

Entonces Robert, el presidente de Colombia, se acercó y, como si todavía estuvieran en los viejos tiempos, le dijo:
—Aurelito...
Aureliano lo miró fijamente.
—Robert, usted ya sabe que las cosas cambiaron. Ya no me diga más Aurelito. Ahora soy el Coronel Aureliano Buendía.
