Hoy comparezco ante ustedes al término de este periodo de gobierno, no con la arrogancia del poder, sino con la serenidad de quien ha cumplido con su deber en tiempos de adversidad.
Cuando asumí esta responsabilidad, México no tenía patria que pisar ni soberanía que ejercer. Éramos un pueblo disperso, sometido y olvidado en el concierto de las naciones. Hoy, gracias al esfuerzo conjunto de nuestro pueblo y de este gobierno, hemos logrado lo impensable: recuperar la patria, restituir nuestro nombre y volver a levantar la bandera mexicana con dignidad ante el mundo.
No caminamos solos. Supimos entender que, en esta nueva era, la fuerza no reside únicamente en las armas, sino en la inteligencia política. Forjamos alianzas estratégicas con diversas naciones, construyendo un eje de cooperación que permitió a México volver a ser relevante en el tablero internacional.
Convocamos y llevamos a cabo un summit histórico con más de siete países, donde México no fue un espectador, sino un protagonista organizador. En ese encuentro se definieron acuerdos y se consolidaron relaciones.
Estos logros no son míos, son del pueblo de México. Son el resultado de disciplina, de visión y de no rendirse cuando todo parecía perdido.
Y es precisamente por respeto a esos principios que hoy afirmo:
La República debe trascender a los hombres. Es momento de que nuevas voces y nuevas manos continúen la labor que hemos iniciado.
Mas no confundan mi retiro con abandono. Me aparto del cargo, pero no del destino de México. Permaneceré vigilante, atento al rumbo de la nación, porque quien ha luchado por ella, jamás deja de servirle.
Confío en que el pueblo elegirá con sabiduría. Pero también sé que los tiempos son inciertos, y si la patria llegase nuevamente a encontrarse en peligro, si la experiencia y la firmeza fueran requeridas… sabré escuchar ese llamado.
Por ahora, cierro este capítulo con la satisfacción del deber cumplido.
México ha vuelto. Y no volverá a caer.
— Porfirio Díaz
PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS
