
Cómo llegué a esta situación.
Cómo permití que esto llegara a pasar.
Por qué me metí en esto, no era mi batalla, no me correspondía esta lucha, pero...

¿Cómo podía darle la espalda a mi pueblo? Ese pueblo por el que daría la vida.

Y así N-Bukele desapareció del ojo público, delegándome el puesto de líder y presidente de esta nación.

Vinieron altos y bajos, batallas contra individuos de gran poder e influencia, pero siempre salimos adelante como la gran nación que somos.

Hasta que llegó ese personaje que envenenó la mente no solo del pueblo, sino de mis ministros, mis hombres de confianza.

La situación llegó a tal grado que incluso difundieron rumores sobre mi locura, sobre si adoraba a un Dios falso. Se encargaron de manchar mi imagen, me dieron por loco e incapaz. Mi propio pueblo me dio la espalda.

Y aquí estamos, en una última batalla por la libertad. Estoy solo en contra de un dictador con tal poder que envenenó la mente de todos.

Mas yo sé la verdad. Sé que vienes como ladrón a robar todo lo que podemos dar como nación.

Mas no tengo la fuerza necesaria ni las alianzas, y ahora incluso ni siquiera tengo a mi querido pueblo para respaldarme. Estoy solo en contra de una fuerza mayor.

Si me preguntaran si me arrepiento de ser líder de esta nación, diría que no. Fue un honor servirles a todos ustedes.

Y solo espero que puedan perdonarme por no tener la fuerza necesaria para defenderlos de este usurpador...


