¡Escuchen bien, hermanos!
No queda nada de la nación que forjaron nuestros próceres con sangre, fuego y valentía inmensa.
La luz que un día esparcimos por todo el continente, esa luz que alumbraba caminos y despertaba pueblos… se ha consumido. Se ha apagado. Ha muerto.
Y en su lugar, como una plaga lenta e implacable, se extiende ahora la oscuridad sin fin.
Nuestros enemigos caminan libres por nuestras tierras, entre las sombras que ellos mismos ayudaron a crear. Se pasean con soberbia, se ríen, se creen intocables. Se creen siempre cazadores… y nunca presas.
¡ESE ES SU ERROR!
Les vamos a enseñar a temer la misma oscuridad en la que habitan. Vamos a hacer que tiemblen ante las sombras que hoy consideran sus aliadas, pues no habrá mayor terror cazando en el vacío estigio...
Que el centauro de los llanos...