El discurso promete que en Venezuela se asciende por talento y trabajo, pero bajo el mando de Pain, la meritocracia es una ilusión.
Aquí los cargos no se ganan por capacidad ni por resultados, sino por lealtad ciega y sumisión. Quien aporta pero cuestiona, queda marginado; quien obedece sin dudar, asciende. Al final, no importa cuánto sepas o cuánto trabajes por el país: la obediencia al líder vale más que cualquier mérito.
-el enemigo de todos