Los venezolanos podríamos escribir un libro que se llame:
«No vale, yo no creo»

Y para empezar en orden inverso, digamos que a usted le dicen:
—¿Tú sabes que le van a poner una estrella más a la bandera?
—No vale, yo no creo.—¿Tú sabes que el hombre va a cambiar el escudo y le va a enderezar la cabeza al caballo?
—No vale, yo no creo.—¿Tú sabes que el hombre va a acabar con la industria petrolera?
—No vale, yo no creo.—¿Tú sabes que se va a robar todos los reales de lo que produzca diariamente nuestro petróleo?
—No vale, yo no creo.—¿Tú sabes que va a agarrar los militares por las que te conté, y se las va a exprimir así, si es que las tenían, y va a acabar con la Fuerza Armada venezolana?
—No vale, yo no creo.—¡Sí!, ¿Y le va a meter unos cubanos, y los cubanos, vestidos de civil, le van a dar órdenes a generalotes, coroneles, tenientes coroneles?
—No vale, yo no creo.—Sí, vale. ¿Y tú sabes qué va a hacer?
Va a destruir el país.
Va a acabar con la autopista,
va a acabar con la vialidad,
va a acabar con la educación,
va a acabar con la universidad,
va a acabar con la moral del venezolano de a pie.—No vale, yo no creo.
—¡Sí!, Y además se va a embarrar en todo lo que hemos respetado toda la vida todos los venezolanos, hasta en los peores momentos de los peores gobiernos, si es que hubo algunos mejores que los peores—.
—No vale, yo no creo.
—¡Sí! Y además se va a quedar, como lo dijo, hasta el año 21, 2.021.
—No vale, yo no creo.
Sigamos creyendo, para que nos llamen creyones… o huevones.
Orlando Urbaneta; 2002
¿Sera algo cultural, será nuestra personalidad, será nuestro método de crianza, el lugar donde crecemos, o nuestra confianza absoluta donde esperamos lo mejor y que todo saldrá bien?
Si ya lo sabemos, ¿Por qué no lo creemos?
