LA TRAICIÓN YA ESTÁ EN SU ADN

Keinordeembuste26 de abril de 2026news

A los pueblos del mundo, a los aliados de la libertad y, sobre todo, a los traidores en Bogotá:

Hace apenas un tiempo, Colombia no era más que un peón humillado, un territorio bajo el yugo de una Gran Coalición que los despreciaba y los mantenía en la irrelevancia. Fue Venezuela quien, en la cúspide de su gloria militar y con el apoyo de potencias soberanas, alzó la voz por ellos. Les dimos tierras que recuperamos con nuestra sangre, les devolvimos la soberanía que habían perdido y firmamos tratados de neutralidad con la confianza de quien estrecha la mano de un hermano.

Pero hoy, mientras las sombras cubrían nuestras calles y nuestras familias dormían, el estruendo de las bombas colombianas rompió el silencio de Caracas. No vinieron solos; vinieron de la mano de sus antiguos amos, de aquellos que los menospreciaban, mendigando un lugar en el festín de los opresores.

La historia se repite.

Tal como Francisco de Paula Santander conspiró en las sombras de la Noche Septembrina contra el hombre que le dio una patria, hoy el gobierno colombiano vuelve a desenfundar el puñal de la felonía. No han aprendido nada en dos siglos. Aquella traición a Simón Bolívar no fue un evento aislado, sino el ADN de una élite que prefiere la comodidad de la servidumbre al honor de la lealtad.

Se percibe un claro síndrome de Estocolmo del gobierno colombiano. No hay otra explicación para que un pueblo corra a abrazar las cadenas, atacando a los únicos que los trataron como iguales. Han vuelto a los brazos de sus verdugos para intentar destruir a sus libertadores. Es una patología moral que los condena ante los ojos de la posteridad.

Al final los Colombianos siempre vuelven a su faceta de traicioneros sin honor. La generosidad de Venezuela ha terminado. Caracas no ha caído; Caracas resiste, Caracas lucha y Caracas recuerda.

La sangre derramada esta noche en la capital de la resistencia sella el destino de un vecino que prefirió ser un esclavo traidor antes que un aliado digno.

¡Caracas se mantiene en pie!

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