Apenas habían transcurrido unas semanas desde su último viaje: una gesta de varios meses junto a su hija en las distantes tierras de un mundo llamado Suecia. Dos guerreros de la casa de RanleW, blandiendo sus aceros en una comarca desconocida y poblada por criaturas nunca antes vistas, donde forjaron alianzas con gentes de otros pueblos y conquistaron, una vez más, la gloria. Desde el pináculo de la Gran Biblioteca de Beyetda, contemplaban la majestuosidad y el esplendor de los Valles de Argus, así como los dominios de las casas de RanleW y de ImmaX. Permanecieron allí durante horas, inmóviles, en solemne silencio, erguidos y henchidos de orgullo, hasta que finalmente Jack rompió la calma:
—¿Oíste hablar alguna vez de un mundo llamado Tierra? El oráculo me reveló que hombres semejantes a nosotros se baten en encarnizadas guerras sin recurrir a la espada ni al escudo. Emplean extrañas armas que escupen fuego como dragones, y cuentan cientos de civilizaciones enfrentadas por el dominio del suelo. ¿Sabías que en una región a la que llaman España existe un reducto que custodia la mismísima materia de AdA? La conocen como Galicia.
—Padre, acabamos de regresar —repuso la joven—. Tu pueblo prospera; los reyes y los comandantes ya no anhelan la lucha, pues han hallado al fin la paz en ImmaX. Todas las antiguas profecías se han cumplido y ningún enemigo amenaza ya nuestro mundo.
—Me temo, pequeña mía, que la paz es un don que jamás me será concedido. La persecución de tu tío a través de los Senderos de las Sombras me dejó una impronta imborrable. Cuando la última de las Vesta me retornó a la vida, sentí cómo la nigromancia impregnaba cada fibra de mi ser. No, hija mía; no hallaré consuelo en estas tierras. Estoy condenado a la lucha eterna.
—Regresemos entonces junto a madre. El amor y la antigua magia de este mundo son capaces de sanar cualquier herida.
—No puedo presentarme ante ella; me es imposible mirarla a los ojos tras lo acontecido con tu tío. Mi decisión está tomada: partiré al alba, y no lo haré con las manos vacías. La Casa de las Reliquias Sagradas custodia objetos de inestimable valor, pero de atroz peligro para esta comarca. Su poder solo se mantiene a raya si perciben mi presencia, y desfallecerán si no me acompañan a ese lugar llamado Tierra.

—Desconoces ese mundo y no deseo que marches en soledad. Convoca a los comandantes por si algún joven anhela seguirte y lleva contigo un centenar de Rayos de Teutates. Ignoramos a qué peligros habrás de hacer frente.
—El peligro aguarda únicamente a quienes osen seguirme. Mi deseo es partir a solas. Solo existe un arma capaz de dar muerte a quien ya ha muerto, y no se halla en nuestros dominios ni en los confines de la Tierra. Durante largos años he estudiado a los terrícolas y siento franca simpatía por los españoles. Marcharé a Galicia con la más poderosa de las reliquias y con los estandartes de Protect, Retmostad y RanleW. Me uniré a su causa, me sumaré a su lucha perpetua y los agruparé en una hermandad: una familia de caballeros honorables y legendarios, señores de la guerra en busca de gloria. Y qué mejor estandarte que el nombre de RanleW, una palabra que infunda pavor al solo escucharla; una alianza de guerreros destinada a dominar la tierra sin contemplaciones, victoriosos en la inminente War Era.
Con los primeros destellos del alba, Jack tomó la última de las reliquias y la empuñó con firmeza: el legendario escudo de escamas de acero imperturbable, forjado por las mismísimas Vesta y en cuyo seno late aún su Clamor. Una baluarte capaz de replicarse en cada aliado que se halle en apuros, infundiendo aliento, valor y esperanza a quien contemple su reflejo en el metal, mientras que los enemigos perciben el eco del aullido ancestral de las Vesta, sucumbiendo al terror y a la desesperanza. La sangre que lo tiñe no ha terminado de secarse, y basta con que una gota roce la piel de un mortal para desatar terribles pesadillas con el recuerdo de la última batalla donde pereció Darth Cion.
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Con furia desmedida, asestó un golpe brutal sobre el pedestal donde solía reposar la reliquia. El rubí del cetro de Darth Cion estalló en millones de haces de luz, el umbral entre mundos se abrió de par en par y Jack Bauer se adentró, una vez más, en los senderos del destino.
El momento ha llegado. Es el albor de una nueva Era.
