Hemos perdido la batalla de Ciudad de México.

Y no voy a esconderlo detrás de excusas, discursos vacíos ni falsas victorias. Una derrota es una derrota. Pero quienes hoy creen que perder una batalla significa haber conquistado a México están cometiendo un error que la historia les hará pagar caro.
México no ha terminado. México apenas está comenzando a mostrar de qué está hecho.
Durante meses caminamos junto a quienes considerábamos nuestros aliados. México fue miembro original de lo que comenzó como el Eje del Renacimiento, que posteriormente se transformó en la Confederación de Estados Americanos y finalmente en /alliance/6a2981ad131983aa8445864d.
Estuvimos ahí desde el principio.
Apoyamos guerras. Apoyamos económicamente. Defendimos intereses comunes. Construimos relaciones. Extendimos nuestra mano cuando nuestros aliados la necesitaron.
Y, sobre todo, confiamos.
Los mexicanos confiaron.
Por eso duele más lo ocurrido.
Cuando /country/6813b6d546e731854c7ac82f y /country/6813b6d546e731854c7ac855 comenzaron a imponer órdenes de batalla contra México, algo se rompió. No fue simplemente una diferencia política. Fue la confirmación de que algunos habían dejado de ver a México como un aliado soberano y comenzaron a verlo como un país al que podían decirle que siga las ordenes de /country/6813b6d546e731854c7ac858.
México no acepta eso.
México es soberano.
No seguiremos órdenes porque alguien tenga más fuerza, más jugadores o más influencia. México cooperará con quien quiera cooperar, luchará junto a quien considere digno de su confianza y cumplirá acuerdos porque nosotros decidimos hacerlo, no porque alguien pretenda imponérnoslo.
Por eso nos fuimos.
No porque odiemos a la FUA.
No porque queramos convertirnos en enemigos de Centroamérica.
No porque hayamos olvidado los meses de camaradería que compartimos.
Nos fuimos porque descubrimos que una alianza deja de ser una alianza cuando la confianza desaparece.
Y lo ocurrido con Jamaica terminó de abrirnos los ojos.
Durante meses escuchamos que México debía agradecer eternamente la ayuda recibida. Que jamás habríamos podido liberarnos sin ellos. Que aquellos eran nuestros mejores aliados. Que México debía su existencia a otros.
Quizás tengan razón en una cosa: recibimos ayuda y nunca la negamos.
Pero tampoco permitiremos que esa ayuda sea utilizada como una cadena.
Y entonces ocurrió algo que muchos no esperaban.
En la /battle/6ac52a4fb003d8072a1a80a8, mientras antiguos aliados decidían respaldar a Jamaica, /alliance/6a935ce802f2f04bc1213e54 demostró en una sola batalla un nivel de apoyo hacia México que, para muchos mexicanos, superó todo lo que habían visto de aquellos que durante meses se proclamaron nuestros grandes aliados.
Eso no borra nuestra historia.
Pero sí cambia nuestro futuro.
Tal vez durante mi tiempo anterior como Presidente México era pequeño. Tal vez no teníamos la población, la economía o la fuerza militar que tenemos hoy.
Pero teníamos algo que nunca nos faltó: corazón.
Y ese corazón estuvo siempre con nuestros aliados.
México confió.
México apoyó.
México estuvo presente.
Y ahora México ha aprendido.
A nuestros enemigos les digo algo muy sencillo:
Disfruten esta victoria.
Celebren la caída de Ciudad de México.
Presuman sus números y sus conquistas.
Pero no cometan el error de creer que han destruido a México.
Han despertado a un país.
La derrota nos enseñará.
La pérdida nos fortalecerá.
La traición nos hará más selectivos.
Y cada error cometido contra México se convertirá en una lección para el futuro.
No sabemos cuánto tardaremos en recuperar lo perdido.
Pero sí sabemos una cosa:
Y cuando vuelva, no será el mismo México que encontraron hoy.
Será un México más organizado, más preparado, más fuerte y mucho menos dispuesto a confiar ciegamente en quienes confunden amistad con obediencia.
A nuestros antiguos compañeros de la FUA les digo:
No buscamos enemigos.
No queremos una guerra eterna.
No olvidamos la camaradería que alguna vez existió.
Pero tampoco olvidaremos lo ocurrido.
La amistad puede reconstruirse.
La confianza, en cambio, debe ganarse nuevamente.
Y a quienes hoy ocupan tierras mexicanas, les digo algo todavía más importante:
Esta guerra no termina porque hayan ganado una batalla.
El México que ustedes creen haber derrotado todavía está aquí.
Y mientras exista un mexicano dispuesto a levantarse, México seguirá luchando.
Porque una nación no muere cuando pierde una ciudad.
Una nación muere cuando pierde la voluntad de recuperarla.
Y esa voluntad sigue intacta.
Hoy lloramos la derrota.
Mañana construiremos la victoria.
México renacerá.
Y cuando crucemos sus fronteras, espero que recuerden este día.
Porque esta vez no vendrá un México que confía ciegamente.
Vendrá un México que aprendió.
