Por Jastro Belmonte
Esta es una opinión personal del que firma.
NO representa la línea editorial de Andorra Today, ni a sus vecinos, ni a nadie más que a un servidor y su mala leche.
Voy a hablar claro, porque hoy no vengo a hacer reír. Vengo enfadado.
Durante semanas que se hicieron meses, España estuvo borrada del mapa. Cero regiones. Las ocho en manos ajenas, la capital incluida.
Un país entero okupado mientras sus políticos se daban discursos los unos a los otros. Y cuando planteamos recuperar lo nuestro, ¿saben qué recibimos?
Una factura de 5.000 monedas de oro —cinco mil, por devolvernos lo que ya era nuestro— y, de propina, esta perla que pienso enmarcar:
"Somos muy superiores a vosotros. Si no pagáis, nunca volveréis a tener la Península."
Nunca. Lo dijeron con todas las letras. Con la chulería del que se cree intocable.
Pues bien, vamos a hablar de ese "nunca", porque ha envejecido peor que el marisco al sol. Hoy España tiene las OCHO regiones. La Península entera. Canarias incluida. Y no pagamos ni una sola moneda. Cero.
Su gran amenaza, su profecía de superioridad eterna, Tan "superiores" para que la realidad les desmintiera en cuestión de semanas.
Y dejen que les enseñe a esos "superiores" con datos, que es lo mío. Marruecos hoy es una cáscara:
un gobierno con presidente, vicepresidente y los tres ministerios VACÍOS —ni Defensa, ni Economía, ni Exteriores, nadie al volante—, 99 monedas en la caja nacional y un país que en daño figura en el puesto 124 del mundo. ¿Y España? Puesto 22.
Diez veces más rica. El "superior" era el que no tenía ni para pagarse un ministro, ni para cumplir su propia amenaza.
Aquí debería terminar esto como una historia gloriosa: nos amenazaron, los desmentimos, recuperamos hasta el último palmo. Fin. Pero no.
Porque cuando los teníamos contra las cuerdas, humillados, con su "nunca" hecho trizas… nuestros dirigentes, en lugar de cruzar el Estrecho y rematar la faena, les tendieron la mano y les ofrecieron la PAZ.
Recuperamos Canarias no a tiros, sino con una firma, porque ni se molestaron en defenderla: se pactó. Les ganamos el pulso… y luego les regalamos la salida digna.
Y eso, señores, es lo que me hierve la sangre. ¿Para qué tanto orgullo al negarnos a pagar sus 5.000, si íbamos a acabar dándoles palmaditas igual? Les demostramos por la fuerza que su "nunca" era mentira y aun así les dejamos marcharse riéndose.
Lo diré como lo siento: esto es de cobardes. Tenemos políticos con miedo. Miedo a una cáscara sin ministros y con 99 monedas. Miedo a ganar la guerra que ya teníamos ganada.
A quien te pone precio, a quien te jura que "nunca" recuperarás tu tierra y luego ve cómo la recuperas entera, no se le ofrece la paz: se le conquista.
Se le devuelve, una a una, cada humillación y cada "superior". No por crueldad — por dignidad. Esa cosa que en el despacho presidencial, por lo visto, ya no cotiza.
Un país que no defiende su orgullo acaba pagando rescate por su propia tierra. Y a los que se ríen de ti, jurándote que jamás te levantarás, solo se les calla de una manera: levantándote, ganando, y no ofreciéndoles la mano que ellos no te ofrecieron a ti.
Yo ya no vivo allí. Pero uno es de donde es. Y me niego a aplaudir una paz que huele a miedo.
Esto era una opinión. La mía. Mañana volveré a hacer chistes. Hoy tocaba esto.
— Jastro Belmonte.