La administración de este presidente no es simplemente incompetente. Es algo más grave: es inexplicable. Y lo inexplicable, en un hombre con poder absoluto sobre nuestra nación, no es torpeza — es traición.
¿Cómo se justifica ante cualquier mexicano la devolución de California? ¿En interés de quién? No, del pueblo mexicano. No, de nuestra historia. Sino de potencias extranjeras que mueven a nuestros soldados como piezas en un tablero que nosotros nunca vimos.
Y como si eso no bastara: Hawaii. Mandamos a nuestros soldados a morir en el Pacífico lejos de su tierra, lejos de su familia para pelear una batalla que no es posible justificar ¿Para qué sangró México?
Lo que ocurrió en esas campañas no tiene nombre digno en ningún manual militar. Solo puede describirse como lo que fue: una masacre administrada desde la cobardía y el servilismo exterior.
Sus decisiones no tienen lógica para sus aliados. No tienen lógica para sus enemigos. No tienen lógica para nadie porque no fueron tomadas pensando en México. Fueron tomadas pensando en otro.
Y ahora mientras Chile ataca sobre nuestro territorio, mientras el suelo patrio está siendo pisado por fuerzas enemigas, este presidente divide al ejército. Llama a nuestros soldados a defender pueblo ajeno con la misma prioridad con la que debería defender el suelo que los vio nacer.
¡Eso no es estrategia! ¡Eso es abandono! ¡Eso es entregar a México mientras finges gobernarlo!