Compatriotas, compañeros y miembros del Frente:
Hoy me han otorgado un nombramiento que recibo no como un premio, sino como una responsabilidad. Representar nuestros intereses en el extranjero, defender nuestra posición y ejercer el arte de la diplomacia exige algo más que un título: exige carácter, prudencia y, sobre todo, recordar de dónde venimos.
Porque yo sé perfectamente de dónde vengo.
Yo no nací sabiendo.
Hubo un tiempo en el que la política, la diplomacia y el poder eran palabras que escuchaba desde lejos. No entendía cómo funcionaban las instituciones, no comprendía las estrategias que movían a las naciones y mucho menos imaginaba que algún día mi nombre estaría siendo pronunciado en una sala como esta.
Empecé desde abajo.
Con ignorancia. Con dudas. Con errores. Con más preguntas que respuestas.
Pero hubo algo que siempre tuve: hambre de aprender.
Cada error me enseñó algo. Cada derrota me hizo estudiar más. Cada persona que sabía más que yo se convirtió en una oportunidad para aprender. Y cada obstáculo que encontré en el camino terminó convirtiéndose en otro escalón.
Hoy me encuentro aquí, representando a un Frente que alguna vez solamente podía observar desde lejos.
Y quiero que quede algo muy claro:
No llegué hasta aquí porque siempre haya sido el más preparado. Llegué porque nunca acepté quedarme donde estaba.
Hoy me toca representar a Honduras en el extranjero. Y lo haré con prudencia, porque la diplomacia no consiste en gritar más fuerte que los demás; consiste en saber cuándo hablar, cuándo escuchar y cuándo defender aquello en lo que creemos.
Voy al cuartel general del FUdA con una misión: aprender, negociar, observar y defender nuestros intereses.
Pero también voy con una visión mucho más grande.
Porque este nombramiento no es el final de mi camino.
Es apenas el comienzo.
Algún día no quiero estar sentado frente a una mesa negociando solamente el futuro de nuestro movimiento.
Quiero estar sentado frente a una nación entera, hablando de su futuro.
Aspiro a llegar a la Presidencia.
Y no lo digo porque crea que la Presidencia me pertenece. La Presidencia no le pertenece a nadie. Se gana con trabajo, preparación y la confianza de la gente.
Si algún día llego a ocupar ese lugar, quiero recordar al Axel que comenzó sin saber. Al que tuvo que aprender. Al que cometió errores. Al que tuvo que levantarse.
Porque si alguna vez alcanzo la cima, quiero que mi historia demuestre que no hace falta comenzar arriba para llegar arriba.
Se puede comenzar con ignorancia y terminar con conocimiento.
Se puede comenzar sin poder y terminar sirviendo al poder más grande de todos: la confianza de un pueblo.
Así que hoy acepto este nombramiento.
Mañana cumpliré mi misión.
Y algún día, si el destino, el trabajo y la voluntad de nuestra gente así lo permiten, volveré.
No como el muchacho que salió desde abajo buscando un lugar.
Sino como el hombre que aprendió en el camino y regresó dispuesto a ocupar el lugar desde donde podía cambiarlo todo.
Mi misión comienza hoy.
Mi camino todavía no termina.
Y la Presidencia… será la cima que algún día intentaré alcanzar.
Muchas gracias.