
A veces la rutina diaria nos empuja a vivir acelerados, midiendo cada minuto y corriendo de una tarea a otra. En medio de ese afán, es muy fácil caer en el error de orar "con la hora en la mano", buscando cumplir rápidamente para seguir con el día.
Olvidamos algo fundamental: estamos hablando con el Creador del tiempo. Aquel que sostiene el universo jamás tiene prisa para atendernos ni mira el reloj cuando abrimos el corazón. Como dice la Escritura: «En esos días, cuando oren, los escucharé» (Jeremías 29, 12).

Dios nunca está demasiado ocupado para escucharte; no nos ocupemos nosotros demasiado para hablar con Él. Hoy la invitación es a hacer una pausa sincera: a soltar las afanes, respirar profundo y regalarle a Dios un tiempo sin afán, sabiendo que en su presencia siempre hay calma, escucha y descanso verdadero.
