Esta noche la bandera mexicana sigue ondeando exactamente IGUAL que ayer.
No perdió NINGUNO de sus colores. No desapareció el águila. Nadie borró el espíritu que representa para los ciudadanos del país.
Y, sin embargo, algo cambió.
México YA NO pertenece a la alianza que durante algún tiempo llamó amigos, socios y hermanos a otros países. Habrá quienes hablen de una invasión inmediata, quienes celebren la decisión y quienes comiencen a repartir culpas, DENTRO y FUERA del país.
Yo prefiero observar primero la bandera como Vicepresidente.

No pretendo convertir la salida de México en una victoria ni disfrazar sus consecuencias. Perder aliados tiene un costo y sería ingenuo negarlo.
Pero también existe un costo en permanecer dentro de una organización cuando un país considera que su nombre, sus intereses o su soberanía HAN DEJADO DE SER RESPETADOS.
Y quizás eso sea lo que más duele.
Porque México no observa a la FUA como un enemigo.
México observa a la FUA como algo que alguna vez ayudamos a construir, algo en lo que alguna vez creímos, y cuyo estado actual nos resulta profundamente doloroso.
Nos duele observar aquello en lo que se ha convertido nuestra alianza.
Nos duele porque pareciera que, en algún momento del camino, OLVIDAMOS POR QUÉ FUE FUNDADA.
Una alianza no nace para silenciar a sus miembros.
No nace para imponer la voluntad de unos sobre otros.
No nace para convertir diferencias internas en amenazas.
Una alianza debería existir precisamente para lo contrario: para permitir que países diferentes puedan permanecer juntos sin dejar de ser soberanos.
México, DENTRO Y FUERA DEL JUEGO, ha construido buena parte de su relación con el mundo alrededor de una idea sencilla:
El respeto que exige para sí mismo es el mismo que debe conceder a los demás.
Durante nuestra historia, nuestra política exterior ha reconocido que ninguna nación, grande o pequeña, debe existir subordinada a la voluntad de otra.
Que cada pueblo tiene derecho a tomar sus propias decisiones, proteger sus intereses y recorrer su propio camino sin que una potencia extranjera pretenda dictarle qué debe hacer.
Cuando un integrante de una ALIANZA debe renunciar a su capacidad de decidir para conservar su lugar dentro de ella, deja de existir una verdadera alianza entre iguales y comienza a aparecer una relación de subordinación.

Y existe algo que deseo que quede escrito aquí no solamente para quienes hoy gobiernan México, sino para CUALQUIER FUTURO PRESIDENTE, VICEPRESIDENTE, MINISTRO O CIUDADANO QUE ALGÚN DÍA LEA ESTAS PALABRAS.
Que quede constancia histórica de lo ocurrido.
México no inició los disturbios que terminaron deteriorando su relación con la FUA.
El primer deterioro grave de nuestra relación dentro de la alianza comenzó con Jamaica y con las acciones y conflictos que surgieron alrededor de ella.
Este punto no debe escribirse para alimentar un rencor eterno contra el pueblo jamaiquino, ni para trasladar responsabilidades de una generación de jugadores a otra.
Debe escribirse simplemente porque las naciones que olvidan cómo comenzaron sus conflictos terminan permitiendo que otros reescriban su historia.
Los futuros gobiernos mexicanos podrán reconciliarse, negociar, reconstruir relaciones e incluso volver a caminar junto a quienes hoy se encuentran del otro lado.
Pero deberán saber de dónde comenzó esta crisis.
Jamaica inició los disturbios que fracturaron la relación de México con la alianza FUA.
Que quede registrado.
No como una orden de venganza.
Como un precedente.

Nuestra salida de la alianza no supone, por nuestra parte, un cambio automático en la política exterior hacia quienes hasta ayer fueron NUESTROS SOCIOS.
México NO considera enemigos a sus antiguos aliados, ni buscará convertir una diferencia política en un conflicto permanente entre naciones.
No habrá agresión contra ningún antiguo socio salvo cuando sea necesario defender la soberanía nacional e internacional, la integridad territorial y la seguridad de México, conforme a las decisiones legítimas de nuestras instituciones y a la voluntad expresada por nuestros ciudadanos.
Porque debemos recordar una cosa:
LAS ALIANZAS TERMINAN. EL RESPETO ENTRE LOS PUEBLOS NO TIENE POR QUÉ HACERLO.
Por ello, hacemos un llamado a los pueblos de América Latina y de la comunidad internacional a rechazar, por medios políticos, diplomáticos y democráticos, cualquier estructura internacional o liderazgo en el que una nación sea tratada como inferior simplemente por mantener intereses, principios o ideas diferentes a los de sus socios.
UNA ALIANZA DIGNA NO EXIGE OBEDIENCIA. EXIGE RESPETO.
Ningún país debería tener que escoger entre conservar su voz y conservar a sus aliados.
Ningún pueblo debería aceptar que su bandera pese menos en una mesa simplemente porque piensa diferente.
México abandona una alianza.
NO ABANDONA EL RESPETO HACIA LAS NACIONES QUE ALGUNA VEZ MARCHARON A SU LADO.
Y si algo deseamos que permanezca después de nuestra partida, es precisamente eso:
Que nuestros antiguos aliados continúen siendo tratados como naciones soberanas, del mismo modo en que México exige ser tratado.
Porque, a pesar de todo, todavía recordamos qué representaba FUA.
Y quizá precisamente por eso duele tanto verla hoy.
Por ello, desde estas páginas, no solamente como Vicepresidente, sino también como periodista, doy voz a mi pueblo para exigir una respuesta clara de la Presidencia de la FUA.
México merece saber de dónde nace la hostilidad que hoy percibimos hacia nuestro país.
Merecemos saber si las decisiones tomadas contra México corresponden verdaderamente a una postura AUTÓNOMA de la alianza y de sus miembros, o si detrás de ellas existe una represalia impulsada por los intereses personales de un individuo y amplificada mediante su red de influencia.
No pedimos sumisión.
No pedimos que todos estén de acuerdo con México.
Pedimos algo mucho más sencillo:
QUE FUA RECUERDE POR QUÉ FUE CREADA.
Que recuerde que una alianza entre naciones soberanas no puede sobrevivir si sus miembros comienzan a percibirse unos a otros como subordinados.
Que recuerde que la fuerza de una alianza no se mide por cuántos países obedecen, sino por cuántos países distintos pueden sentarse en la misma mesa y continuar llamándose aliados.
Latinoamérica ha pasado demasiado tiempo recordando quién traicionó a quién, quién abandonó primero y quién cometió el último agravio.
Algún día tendremos que decidir si queremos continuar heredando esas disputas o construir algo nuevo sobre sus ruinas.
Incluso si mañana nuestro país desapareciera completamente del mapa, quienes hoy dirigen esta comunidad deberían recordar algo:
MÉXICO PUEDE PERDONAR, PERO MÉXICO NO OLVIDA.
No olvidaremos a quienes estuvieron a nuestro lado.
Pero tampoco olvidaremos las decisiones que nos trajeron hasta aquí.
Y tampoco renunciaremos a la idea de una AMÉRICA LATINA LIBRE DE TIRANOS.
Ese sueño no depende de una sola administración.
No depende de una sola alianza.
Ni siquiera depende de los jugadores que hoy ocupamos estos territorios.
Sobrevivirá mientras continúen llegando nuevos ciudadanos dispuestos a construir algo mejor que aquello que recibieron.
Así que quiero terminar con unas últimas palabras.
México no permaneceremos de rodillas solamente para conservar nuestro lugar en un mapa. Si defender nuestra soberanía significa resistir solos, RESISTIREMOS.
Si significa perder nuestros territorios, los defenderemos hasta donde nuestros recursos permitan.
Y si aquellos que hoy se oponen a nuestra posición deciden borrar a México del mapa por sostener aquello en lo que creemos, entonces que quede también escrito para quienes vengan después:
MÉXICO SERÁ BORRADO CON HONOR.
Si nuestra caída sirve algún día para recordar a otras naciones que ninguna alianza debería exigirles abandonar su dignidad para pertenecer a ella, entonces incluso nuestra derrota tendrá significado.
Si deseas colaborar con el Ejército Mexicano en defensa de la SOBERANÍA Internacional, puedes contactarme a mí o a cualquier miembro del gabinete mexicano.
ATENTAMENTE,
VICEPRESIDENTE DE MÉXICO