No cayó de golpe, fue un goteo,
un óxido lento royendo las vigas,
mientras el hambre se hizo costumbre
y el miedo, la única moneda viva.
Las plazas son ahora cuencas vacías,
donde el viento baraja papeles de ayer;
negocios cerrados con candados ciegos
que guardan el polvo de lo que pudo ser.
Nosotros los nicaragüenses estamos llenos de pudor y gloria.
esta decadencia,
tu decadencia; esta llegando al fin anhelado.
la patria te castigará por ser un mal hijo.
Ni siquiera eres hijo de Darío.
