Segunda Edad - De los encuentros con el Padre Antonio I - Lore RanleW

JBauer2 de septiembre de 2026entertainment

Año 1970 de España; el undécimo transcurrido desde mi llegada. Profeso una singular fascinación por el armamento de este mundo. Rara vez me veo obligado a invocar el poder de mis reliquias o a recurrir a la magia: pistolas, escopetas, ametralladoras, granadas y artefactos explosivos de variada índole, a cual más estrepitoso. Terminé por enamorarme de su atronador estrépito destructivo. Hallé un auténtico deleite en este reino dominado por el caos y el fragor. Logré reunir a un selecto grupo de comandantes dispuestos a marchar bajo mi enseña, encontrando al fin un propósito en estas tierras. Este mundo no pertenece únicamente a los mortales; también cobija criaturas de las sombras y engendros de la noche, y nuestra labor no es otra que darles caza. Nos hemos convertido en mercenarios al servicio del bien. Hoy alcanzamos las tierras de Valencia, apostándonos ante las puertas de un monasterio regentado por el Padre Antonio. En nuestra cultura, su figura equivaldría a la de un Ministro del Culto Sagrado: un guía espiritual para la comunidad, poseedor acaso de facultades ancestrales o sobrehumanas, devoto de un Dios que parece conferir a los suyos cierto poder divino. A lo largo de estos once años he guardado con celo el secreto del poder de mis reliquias y de mi magia nigromántica. Han requerido nuestra destreza para purgar a unos seres nocturnos.

A pesar de su avanzada edad, su efigie es la de un guerrero legendario; bien podría pasar por un habitante de ImmaX. Alto y corpulento, porta en el rostro las cicatrices de pasadas contiendas y viejos tormentos, aunque su semblante transmite una inusual bondad. Su voz es grave y su tono firme, desprendiendo un aura que evoca tiempos remotos, los tiempos de Vesta. Decidí aceptar su encargo sin exigir recompensa material alguna, bastándome únicamente con su amistad y el saber que pueda otorgarme sobre este mundo y la naturaleza de su Dios. Guardo la certeza de que nuestros caminos volverán a cruzarse en el futuro. A lomos de un Jeep Wrangler, el Padre Antonio, Takumi, Lobo Asturiano, Sor Pita y yo nos ponemos en marcha para culminar la encomienda.

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