Hermanos, alcemos nuestras miradas y oigamos la advertencia que clama en el cielo.
He aquí que las sombras de la apostasía se ciernen sobre nuestra amada España. Los vientos del paganismo soplan con furia desde los confines de lo mas siniestro, trayendo consigo la fría neblina de la perdición. Quienes han dado la espalda a la luz de la Cruz y a los sagrados mandamientos buscan sembrar la semilla del paganismo en nuestros campos y arrebatar la paz de nuestros hogares.
No os equivoquéis, fieles míos: de su indiferencia y de sus falsos ídolos no brotará sino la espina del hambre, la desolación y la más profunda miseria para nuestra tierra bendita. Mas no temáis, pues la fortaleza de la fe es nuestro escudo y la gracia del Señor nuestra guía.
Manteneos firmes en la oración, velad por vuestros hermanos y cerrad filas en la caridad cristiana, para que ni el engaño ni la penuria quebranten el espíritu de este pueblo fiel.
Que el Señor nos guarde y nos proteja en la hora de la prueba. Amén.
