Último día en la oficina

Mugo2 de octubre de 2026politics

SEPTIEMBRE '26

Último día en la oficina

Un mes para reconstruir, resistir y dejar algo en pie

El primer día llegué a la oficina con una idea: que un cargo no es un trofeo, sino una responsabilidad. Hoy, treinta días después, no quiero despedirme enumerando promesas. Quiero contar qué ocurrió cuando intentamos convertir aquella idea en trabajo.

Cuando publiqué https://app.warera.io/article/6a99d1e0347e69f036a9e96e, España acababa de salir de las elecciones presidenciales más multitudinarias de su historia. Había un nuevo Gobierno, una nueva legislatura y, como suele ocurrir en nuestro país, bastantes más problemas que tiempo para resolverlos. Entonces escribí que no esperaba convertir España en una potencia mundial en un mes. Que no pretendía resolver de golpe todos nuestros desencuentros. Que bastaría, quizá, con dejar algunas cosas un poco mejor de como las habíamos encontrado.

Lo escribí con ilusión, pero también con cierta cautela. Sabía que septiembre no iba a ser un mes tranquilo. Lo que no podía saber era hasta qué punto acabaríamos teniendo que hacer varias cosas a la vez: reconstruir estructuras internas mientras intentábamos evitar que se rompieran, defender nuestros intereses en el exterior mientras atendíamos nuestras propias limitaciones y tomar decisiones urgentes sin abandonar los proyectos que solo darán fruto si alguien continúa trabajándolos después de nosotros.

Este ha sido, en realidad, el mes de esa contradicción. Empezamos queriendo construir. Muy pronto tuvimos que resistir. Y, entre una cosa y otra, intentamos no olvidar para qué habíamos aceptado gobernar.


La España que recibimos

Llegada del equipo de gobierno a la sede de la alianza. La ambición y la ilusión mostrada tras el nacimiento de MILF por sus miembros, fue clave para asegurar los éxitos geopolíticos de la confederación y consolidarla como primera referencia mundial apenas semanas después de su fundación.

No empezábamos desde cero, pero tampoco en el mejor punto posible. España acababa de entrar en una alianza internacional con un potencial más limitado que la que tenía el mes pasado, esto sumado a los crecientes problemas de convivencia interna, no auguraba un futuro especialmente prometedor.

La fractura interna entre https://app.warera.io/party/698d02c680a3ceff325a1813 y https://app.warera.io/party/698e55c4b8e3d16e70acc270 llevaba ya demasiado tiempo condicionando la convivencia común. Había desconfianza, reproches acumulados y discusiones que habían dejado de ser exclusivamente políticas. La colaboración entre personas que compartían país, instituciones y objetivos se había vuelto difícil por no decir imposible. Y esa tensión no se quedaba dentro de los canales de debate: afectaba a la participación, a la capacidad de organizarse y a la posibilidad de que alguien nuevo encontrase un espacio al que integrarse sin verse arrastrado inmediatamente a una guerra abierta que no era la suya.

En el exterior, España tampoco podía permitirse actuar como si tuviera recursos ilimitados. Nuestra posición dentro de https://app.warera.io/alliance/6a9250a52d7987e3b737be2e era importante, pero no nos convertía en una potencia capaz de resolver por sí sola cualquier crisis. https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac7aa, https://app.warera.io/country/6813b6d546e731854c7ac82f y https://app.warera.io/country/6813b6d546e731854c7ac858 tenían sus propias prioridades, compromisos y limitaciones. Nuestros vecinos podían ser tanto socios como competidores según el momento. Y las relaciones personales, tan habituales en una comunidad pequeña, no siempre coincidían con los intereses de los Estados.

En lo económico y militar teníamos una realidad parecida: estructuras que existían, pero cuya actividad y continuidad no podían darse por sentadas ni dejarse en manos de la pura inercia. Había que mejorar la coordinación, recuperar herramientas, facilitar la incorporación de nuevos jugadores y pensar cómo sostener las unidades nacionales más allá del entusiasmo de unos pocos. Ese era el punto de partida. No una España sin recursos, pero sí una España que necesitaba explotar mejor los que tenía.

Y, antes de que pudiéramos dedicarle todo el tiempo a esa tarea, llegó https://app.warera.io/country/687eab339142f76907295e4e.

Andorra: cuando la historia deja de ser una cuestión privada

Posado de https://app.warera.io/user/682774c2a3cf9ba485ecc30a frente a una pequeña parte de su arsenal militar mientras prepara su estrategia para sofocar la revuelta andorrana a principios de mes. El reputado capitán fue nuevamente en septiembre pieza providencial a la hora de defender los intereses de España en el campo de batalla.

La relación con Andorra no era una relación cualquiera. Durante mucho tiempo había existido una proximidad especial, con vínculos personales y una dinámica que hacía que sus movimientos afectasen directamente a España. Precisamente por eso, los nuevos enfrentamientos resultaban especialmente incómodos.

No era la primera vez que Andorra abría un conflicto territorial con nosotros. Ya había ocurrido durante el verano de forma coordinada, mientras España atendía simultáneamente otros frentes. Todo terminó desembocando en la respuesta militar, intervención y ocupación española del territorio andorrano. Lo que podía haberse tratado como un episodio aislado terminó convirtiéndose en una sucesión de crisis en un periodo demasiado corto.

España volvió a responder frente a la revuelta perpetrada a principios de mes. Recuperamos nuestra posición y demostramos que no íbamos a aceptar que los ataques se repitiesen sin consecuencias. Pero el problema no era estrictamente militar. También era diplomático y, en cierta medida, institucional: Andorra buscó apoyos y contactos dentro de nuestro propio entorno internacional, más precisamente en https://app.warera.io/country/6813b6d546e731854c7ac858, forzando a España a explicar ante MILF su versión de unos hechos que afectaban directamente a su soberanía.

De ahí surgió una preocupación que trasladé a nuestros aliados: no pedíamos que la alianza convirtiera el conflicto en su prioridad, ni que las relaciones personales desapareciesen. Pedíamos algo mucho más básico: que, cuando se hablase de España, se escuchase también a España antes que a otros actores secundarios ajenos a la alianza. Puede parecer una exigencia elemental. En la práctica, no siempre lo es.

La negociación con Andorra acabó imponiéndose a la prolongación del enfrentamiento. Se alcanzó un acuerdo con compromisos recíprocos: Andorra abandonaría la deficiente https://app.warera.io/alliance/6a9622a618801a8c9c6fbb5f, adoptaría la política gubernamental de inmoral y se comprometía a no atacar directa ni indirectamente a España hasta el 31 de octubre, además de poner fin a las acciones contra la estabilidad del Gobierno español. España devolvió el territorio del principado y asumió, por su parte, el compromiso de no atacar durante ese mismo periodo, con las condiciones acordadas.

No voy a presentar ese acuerdo como una reconciliación definitiva, ni como una garantía de que los problemas hayan desaparecido. Ningún documento puede sustituir a los hechos que vienen después. Pero sí permitió cerrar una fase de enfrentamiento, recuperar margen de maniobra y dejar que el futuro de la relación se juzgue por el comportamiento de ambas partes. A veces, gobernar consiste en saber responder. Otras veces, en saber cuándo una respuesta ya ha cumplido su función.

La paz exterior no resolvía la guerra interior

Ni un momento para el receso. Por muchos intentos y soluciones que el Gobierno puso sobre la mesa para mediar entre la guerra interna que asolaba el país, ni en sus ratos libres el gabinete era capaz de ignorar el disturbio que seguía presente en cada calle del país.

Mientras tratábamos de estabilizar nuestra relación con Andorra, seguía pendiente la cuestión más difícil de resolver: cómo podía España recuperar una vida política en la que las diferencias no terminasen destruyendo los espacios compartidos.

No voy a fingir que este Gobierno encontró una fórmula mágica. No la había. Tampoco creo que la convivencia pueda imponerse mediante un comunicado o que la moderación consista en pedir a quienes han sufrido agravios que simplemente los olviden. Pero sí había una responsabilidad institucional: evitar que el Gobierno se convirtiera en una facción más y tratar de establecer unas reglas que pudieran aplicarse a todos de forma imparcial.

En las conversaciones mantenidas durante el mes apareció una coincidencia que merece ser reconocida: incluso desde posiciones enfrentadas, hubo voces que señalaron la necesidad de una moderación más activa, de reglas claras y de espacios donde los conflictos pudieran tratarse sin trasladarlos continuamente a toda la comunidad. También hubo que reconocer que ninguna de las partes podía presentarse como completamente ajena al problema.

La propuesta de fondo no era que Inkietud y Raíz pensasen igual, ni que una renunciase a sus posiciones para que la otra estuviera cómoda. Era recuperar unas condiciones mínimas para poder hablar y trabajar. De ahí nació hace tiempo la idea de https://app.warera.io/party/6a4d26ec638aa1f70960a762: un espacio amplio de encuentro y deliberación. Pero pronto tuve que ser realista. Después de las salidas y el deterioro de los espacios comunes, celebrar un Ágora como si nada hubiera pasado habría sido confundir el deseo con la situación real.

Por eso empecé a trabajar personalmente en la idea de un mecanismo previo, más reducido y controlado, que pudiera ayudar a reconstruir la posibilidad de conversación entre personas concretas de ambos entornos. No como sustituto del Ágora, ni como un proyecto cerrado que el Gobierno pudiera imponer, sino como un paso auxiliar para volver a hacer posible algo que hoy resulta mucho más difícil de lo que debería. Se quedó en tierra de nadie, puesto que cuando estaba a punto de lanzar su presentación, el núcleo duro de una de las facciones se auto-exilió a una isla remota en mitad de la nada. No obstante, el Ágora en mi cabeza sigue teniendo sentido. Lo que no tenía sentido es fingir que estábamos en condiciones de celebrarlo.

También hubo decisiones organizativas que respondían a esa misma necesidad. La reestructuración del Discord nacional y la mejora de los canales oficiales de comunicación no eran un intento de posicionarnos ni resolver por decreto diferencias políticas. Eran una manera de recuperar un lugar común, con funciones reconocibles y menos dependencia de conversaciones dispersas. No todo se pudo completar. No todo depende de un Gobierno. Pero al menos intentamos que la infraestructura de España no reprodujera el desorden imperante en su convivencia interna.


La prueba que no entraba en nuestros planes

La indisposición del presidente francés, fiel reflejo de la falta de aptitudes de su gobierno y de su antigua alianza, puso en bandeja de plata la victoria en la guerra a España. Pese a todo, la capacidad de movilización del país quedó evidenciada aún en tiempos difíciles y ante un rival que no estuvo a la altura.

Y entonces llegó https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac79a. Su ruptura del PNA y su declaración de guerra obligaron a España a cambiar el ritmo. La amenaza era seria: Francia contaba con una capacidad militar superior a la nuestra y abrió un frente por el norte. Además, existía el riesgo de que otros movimientos en el Magreb complicasen la defensa del territorio portugués y, por tanto, se dividiera la atención de nuestros aliados. No era el escenario ideal para el gobierno actual ni mucho menos. Pero los países no eligen cuándo se les pone a prueba.

España respondió con rapidez. La batalla se resolvió de forma mucho más contundente de lo que sugería el equilibrio inicial de fuerzas, y Francia terminó rindiéndose al comienzo de la primera ronda. https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac7aa tuvo un papel decisivo en el resultado. También contribuyeron otros combatientes incluidos mercenarios que actuaron por contrato y, fundamental y principalmente, aquellos que representan de forma altruista a España por su sentimiento de pertenencia nacional.

De todas formas, ocurrió algo que merece recordarse más allá del resultado militar: durante aquellos días, jugadores que llevaban semanas enfrentados fueron capaces de concentrarse en una tarea común. No desaparecieron nuestras diferencias. No se resolvieron de repente. Pero la defensa del país volvió a ocupar el lugar que le correspondía. Eso no convierte una guerra en una solución para los problemas internos. Sería un error sacar esa conclusión. Pero sí demuestra que España conserva una capacidad de respuesta que no siempre sabemos reconocer cuando estamos demasiado ocupados discutiendo entre nosotros.

La victoria tampoco significó que el problema francés hubiese terminado. Francia quedó sumida en una crisis política y militar, su alianza Horizon se desmoronó y https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac7a4 comenzó a ocupar territorio francés con una resistencia muy limitada, avanzando hacia París. De pronto, la pregunta ya no era únicamente cómo había terminado nuestra guerra, sino qué podía ocurrir después. Si Bélgica, respaldada por su entorno, acababa controlando buena parte de Francia, el mapa estratégico europeo podía cambiar de una manera que afectase directamente a España y a MILF.

Y ahí empezó otra fase de trabajo diplomático.

Después de la victoria, el mapa

La comitiva española se reúne con el presidente de Bélgica https://app.warera.io/user/697687df3af9f6490847bc13 en París tras su conquista. El éxito aplastante de la ofensiva belga sobre Francia obligó a España a moverse y sentarse a negociar con lo que a priori era un adversario geopolítico, pero que terminó constituyendo un socio en pro de la animadversión al gobierno francés.

La tentación, después de derrotar a un adversario, es pensar que el asunto está cerrado. Pero una victoria puede dejar detrás un escenario más complicado que el conflicto que la precedió.

https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac79a se encontraba debilitada. https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac7a4 avanzaba. https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac7a2 estudiaba sus opciones y existían conversaciones sobre una posible intervención desde el sur y un reparto territorial. Portugal, mientras tanto, seguía muy comprometido en África. Brasil y Venezuela tenían con Francia un pacto de no agresión vigente durante la legislatura. La posición de cada miembro de MILF, por tanto, no era idéntica. España tenía que defender sus intereses sin ignorar esos compromisos.

No queríamos interferir en las relaciones de Italia con Bélgica. Tampoco pretendíamos decidir por Francia qué debía hacer con su futuro. Nuestra preocupación era más concreta: evitar que una expansión belga terminase colocando junto a nuestros núcleos provinciales a un actor con el que la relación podía ser mucho más imprevisible que la que manteníamos con Italia.

Por eso hablamos con https://app.warera.io/user/69b5d4ae7f39326dfd4d6879, representante italiano, intentamos comprender sus intenciones y planteamos la conveniencia de explorar una actuación coordinada desde el sur si Francia continuaba sin defenderse. La idea no era prolongar una guerra por inercia ni conquistar por conquistar. Era evitar que el vacío francés se resolviese únicamente en beneficio de Bélgica, y conservar la posibilidad de que, si Francia contaba en el futuro con un Gobierno responsable y una relación no hostil con España, parte de su territorio pudiera volver a una administración francesa.

Con https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac7aa mantuvimos conversaciones igualmente importantes. Su primera propuesta fue esperar a la caída de la capital francesa, de modo que Francia perdiese ventaja militar y una intervención posterior resultase menos costosa. Era una consideración táctica razonable, pero también existía el riesgo de que Italia y Bélgica alcanzasen un acuerdo y ejecutasen sus movimientos de forma anticipada. Por eso pedimos que el escenario empezase a comunicarse internamente en Portugal. Quizá no hiciera falta movilizar grandes fuerzas. Quizá Francia estuviese ya demasiado debilitada para ofrecer resistencia. Pero si la situación cambiaba de un día para otro, sería tarde para empezar entonces a hablar de qué podía hacer MILF.

Esa fue una de las lecciones exteriores de septiembre: no basta con reaccionar ante una amenaza cuando ya está en nuestras fronteras. Hay que hablar antes, compartir información y preparar opciones, aunque finalmente no sea necesario utilizarlas. Y también hay que conocer los límites de nuestros aliados. Portugal tenía sus propios frentes. Brasil y Venezuela tenían compromisos diplomáticos. Italia mantenía relaciones que España no debía tratar de condicionar. La diplomacia consiste, precisamente, en trabajar con esas realidades, no en fingir que no existen.

Un país no se defiende solamente en el campo de batalla

El gobierno de España, en cuadro. Las tareas en los despachos de La Moncloa se acumulaban y el equipo de Gobierno presente no daba a basto, queda mucho trabajo por hacer para aquellos que vienen si están dispuestos a llevarlo a cabo, queda reflejado en las hojas de ruta propuestas por Discord.

La guerra con Francia nos recordó que España todavía era capaz de movilizarse. Pero también nos recordó por qué necesitábamos trabajar durante el resto del mes en algo menos visible: la capacidad de sostener esa respuesta. Una unidad militar del Estado no es fuerte solo por tener una identidad propia. Lo es cuando hay personas que la mantienen activa, mandos que coordinan, miembros que saben qué hacer y una estructura nacional que puede apoyarla.

Por eso insistimos en incluir en la hoja de ruta futura el refuerzo de los Tercios Estatales, darles funciones reconocibles: https://app.warera.io/mu/699b67b108b4a1828137bba3 como puerta de entrada; https://app.warera.io/mu/68a1f5402b5fba60d3bdba7d como referencia militar nacional; https://app.warera.io/mu/6984328b10e902ca34a3171b como instrumento económico y participativo; https://app.warera.io/mu/688f3b5dd672278e5d0ab9c8 como espacio que también necesita actividad y dirección. No se trata de llenar organigramas, sino de encontrar personas con vocación de estado dispuestas a asumir responsabilidades y mantenerlas. La misma lógica se aplicaba a la economía. El Plan Económico Nacional y el https://app.warera.io/mu/6984328b10e902ca34a3171b deberían avanzar hacia una gestión más transparente, coordinada y automatizada.

Y, por supuesto, nada de esto funciona si los jugadores nuevos llegan y se marchan antes de encontrar su sitio. Por eso el trabajo de bienvenida, formación y acompañamiento no era un asunto menor ni una tarea secundaria que pudiera dejarse para cuando acabasen las guerras. Era parte de la defensa del país en el sentido más amplio y a largo plazo: construir una comunidad capaz de renovarse, aprender y sostener sus propias instituciones.

El Programa de Apadrinamiento Nacional, recuperado, reformulado y caído en desgracia durante el mes por el escándalo de las multicuentas, también responde a esa idea. De todas formas, considero que un padrino del PAN no debería limitarse a pagar un salario; debería ayudar a que un jugador pueda construir su base económica, resolver dudas y aprender a desenvolverse hasta alcanzar autonomía. La ayuda tiene sentido precisamente cuando deja de ser necesaria en la mayoría de sus aspectos.

Pero no quiero presentar como terminados trabajos que apenas han comenzado a fraguarse. Debemos de dar una vuelta de tuerca a las guías enlazadas en el nuevo artículo de bienvenida, https://app.warera.io/article/6aa87f082a9af98c5d37e552. El apartado de herramientas debe también actualizarse. Los programas del estado necesitan de un mayor seguimiento y dedicación. Y las unidades estatales necesitan comandantes que no solo acepten un cargo, sino que quieran implicarse y hacer algo con él. Pero eso queda para quienes vengan después.


Lo que no pudimos resolver

Un balance que solo enumera victorias sería una forma bastante pobre de despedirse.

No hemos reconstruido la confianza entre Inkietud y Raíz. No hemos devuelto a todos los jugadores que se han alejado. No hemos conseguido que cada estructura nacional funcione con la continuidad que necesita. No hemos convertido todos los proyectos en realidad. Y la posición de España en el exterior sigue dependiendo, como siempre, más de las decisiones de otros Estados que de nuestra capacidad real.

Tampoco hemos logrado que la política española deje de consumir una parte desproporcionada de la energía que debería dedicarse a jugar.

Sería fácil echar la culpa de todo a una persona, a un partido o a un episodio concreto. Sería también una manera de eludir la responsabilidad colectiva. Hay problemas que tienen responsables identificables y deben poder señalarse; pero hay otros que se han ido formando durante tanto tiempo que no van a desaparecer porque cambie una presidencia. Lo que sí podemos hacer es dejar de tratarlos como si fueran inevitables.

Un Gobierno debe aceptar las críticas. Debe explicar sus decisiones. Debe escuchar incluso a quienes no le apoyan. Y debe tener la suficiente seguridad institucional como para no confundir una crítica con una amenaza. También debe saber reconocer cuándo no ha llegado tan lejos como quería. Yo habría querido que terminásemos septiembre con más espacios comunes recuperados, más estructuras plenamente activas y menos personas alejadas de España. No ha sido así. Pero tampoco creo que la respuesta sea abandonar esas tareas porque no se hayan resuelto en treinta días.

Las instituciones se construyen con continuidad. La convivencia, todavía más.

Lo que queda cuando se cierra la puerta

Cuando uno ocupa un cargo, es fácil confundir el trabajo con la agenda: reuniones, mensajes, decisiones, comunicados, conflictos que atender y asuntos que no pueden esperar. Pero al final del mandato, cuando se cierra la puerta y otro equipo se prepara para ocupar la oficina, la pregunta cambia.

¿Qué queda?

Queda una rebelión que España supo aplacar y una relación con Andorra encauzada mediante un acuerdo que ahora deberá cumplirse. Queda una posición exterior que hemos intentado defender hablando con aliados y adversarios antes de que las circunstancias nos obligasen a reaccionar. Queda una comunidad que sigue teniendo profundas diferencias, pero en la que hemos intentado preservar la idea de que el país debe ser un espacio compartido. Quedan propuestas para mejorar todo. Algunas están en marcha; otras apenas han empezado a tomar forma.

Y queda algo que no puede atribuirse exclusivamente a este Gobierno: el trabajo de todos los jugadores que, con independencia de sus ideas, han seguido dedicando tiempo a España. Eso es lo que más me gustaría que se recordase de septiembre. No que el Gobierno lo hizo todo. No que acertó siempre. Sino que, incluso cuando el mes nos empujó hacia la urgencia, intentamos no renunciar a construir algo que durase más que nuestra legislatura.


No quiero terminar este artículo sin agradecer de corazón, a todo aquel que lo merece. Sigamos por este camino.

Gracias

Quiero dar las gracias, en primer lugar, al presidente https://app.warera.io/user/6a0ad9db09524c84480dcbc7 por la confianza depositada en mí y por haberme permitido ejercer la vicepresidencia con margen para aportar, discrepar y trabajar. A los ministros y muy especialmente a https://app.warera.io/user/69b0718036fe96b98956aab8, por compartir las responsabilidades de este Gobierno y por las horas dedicadas a decisiones que muchas veces no tenían una respuesta sencilla.

Gracias a quienes han sostenido las instituciones, a los comandantes y miembros de las UMs que han defendido España, a quienes han trabajado en pos de la economía nacional, a los padrinos del PAN y a todos los que han ayudado a quienes acababan de llegar mientras yo estaba ocupado en otras cosas. Gracias también a quienes han contribuido a ordenar los espacios comunes, preparar materiales, resolver dudas y mantener el Discord nacional vivo pese a los dos éxodos masivos recientemente sufridos.

A nuestros aliados, especialmente a https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac7aa por su apoyo en la defensa de España, y a https://app.warera.io/country/6813b6d546e731854c7ac82f, https://app.warera.io/country/6813b6d546e731854c7ac858 y resto de naciones de la confederación por el trabajo compartido dentro de https://app.warera.io/alliance/6a9250a52d7987e3b737be2e. A https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac7a2, https://app.warera.io/country/6813b6d446e731854c7ac7a4 y resto de interlocutores con quienes hemos podido hablar con franqueza, incluso cuando nuestros intereses y posiciones geopolíticas no coincidían.

A quienes nos apoyaron, gracias por la confianza. A quienes nos criticaron, gracias también por obligarnos a explicar y revisar nuestro trabajo. No todas las críticas son justas, ni todas las decisiones pueden satisfacer a todo el mundo; pero ningún Gobierno debería acostumbrarse a escuchar únicamente lo que quiere oír.

Y, por último, gracias a los ciudadanos españoles. A quienes estuvieron en primera línea y a quienes contribuyeron desde lugares menos visibles. A quienes llevan mucho tiempo aquí y a quienes llegaron durante este mes. A quienes han seguido implicándose a pesar de un ambiente de toxicidad permanente y a quienes, incluso desde la discrepancia, han querido empeñarse en hacer que España funcione.

Un país no lo sostiene únicamente quien ocupa un cargo. Lo sostiene, sobre todo, quien decide que merece la pena seguir arrimando el hombro cuando nadie está obligado a hacerlo.

A quienes vienen detrás

Mientras se publica este artículo, España está celebrando unas nuevas elecciones. En unas horas habrá otro equipo al frente del país y comenzará una etapa distinta. A quienes reciban esa responsabilidad, les deseo sinceramente mucha suerte.

No les deseo que gobiernen como nosotros, ni que continúen con cada una de nuestras decisiones. Les deseo que tengan criterio para distinguir lo que merece conservarse de lo que debe cambiarse; paciencia para trabajar en lo que no ofrece resultados inmediatos; y firmeza para defender España cuando sea necesario.

Ojalá encuentren una comunidad más dispuesta a colaborar que a enfrentarse, unas instituciones que puedan seguir desarrollando y unos aliados con los que hablar antes de que llegue la urgencia. Y ojalá sepan que no reciben un país pleno. Ningún Gobierno lo recibe. Reciben una tarea que otros empezaron antes y que ellos tendrán que continuar a su manera.

No sé qué balance hará el próximo equipo cuando llegue su último día. Espero que sea mejor que el nuestro. No porque el nuestro haya sido un fracaso, sino porque esa debería ser la medida de la continuidad: que cada Gobierno pueda dejar al siguiente algo más de lo que encontró a su llegada.


El primer día escribí que esperaba que, cuando llegara el último, pudiéramos mirar atrás y decir que había merecido la pena.

Hoy sé que no hemos terminado todo lo que empezamos. Algunas cosas han salido bien; otras siguen pendientes. Hemos tenido que defendernos cuando queríamos construir, negociar cuando habría sido más sencillo prolongar el conflicto y aceptar que una comunidad no se recompone al ritmo que uno desearía.

Pero también sé que no hemos pasado este mes de puntillas.

Hemos trabajado por España. Hemos defendido sus intereses. Hemos intentado ordenar sus instituciones y abrir caminos para quienes vengan después. Y, cuando las circunstancias nos han obligado a elegir entre la comodidad y la responsabilidad, hemos procurado estar a la altura.

No me llevo la sensación de haberlo resuelto todo. Me llevo la satisfacción de haber podido intentarlo desde dentro, junto a personas que también han puesto su tiempo y su esfuerzo al servicio de este país.

Hoy es mi último día en la oficina.

Mañana cambiarán los nombres en las placas de las puertas. Pero España seguirá teniendo los mismos desafíos, y también las mismas posibilidades. Ojalá quienes vengan sepan aprovecharlas.

Los gobiernos pasan. Lo que construimos juntos debería quedarse.

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