Un Alquimista en un Mundo Paralelo

Marinus22 de octubre de 2026politics

El Alquimista

Muy buenas noches, días o tardes a toda persona que lea esta nota, porque ante todo la educación.

Desconozco la cantidad de transmutadores en un mundo tan amplio como este, aún en expansión sobre sí mismo. El espacio físico de estos es siempre limitado por dimensiones medibles con números irrefutables... o corregibles. Pero ¿y qué hay de su interior? ¿Qué de su consciencia y de aquello que considera incontrolable? ¿Qué de su subconsciente? No es ningún secreto que el precepto exacto de la crisopeya dicta el intercambio equivalente. Quien practica el arte mencionado reconoce que el ser puede ser consciente, sed non subconsciente en un mismo organismo delimitado; reconoce en sí un ser consciente cuya identidad ha sido moldeada por su ambiente y el razonamiento que el propio ser construye a partir de la información de este, por lo que su existencia en sí es moldeada por su entorno y por las conclusiones obtenidas mediante el pensamiento crítico. La ley fundamental del alquimismo físico reconoce una permutación que no está sujeta a la subjetividad que el receptor entregue al valor, puesto que depende de condiciones ya formadas por lo que el consciente interpreta como ajeno a sí y lo que reconoce como identidad propia.

El alquimismo subjetivo del «Filósofo hermético», cuya concentración se ha dedicado al estudio profundo, no se rige por normas que no reconoce como propias, sino por una interpretación individual que no está dictada por una identidad ajena. El practicante de tal arte reconoce que las emociones no están limitadas a los elementos que representan sus manifestaciones en el mundo físico. Sin embargo, al someter tales asociaciones a su propia interpretación, reconoce que estas no tienen por qué definir su percepción subjetiva. Pese a la subjetividad correspondiente, se reconocen ciertas características generales asociadas al sentimiento.

El fuego es la ira y viceversa, quema, daña, penetra y no perdona hasta reducir a nada todo lo que fue construido una vez. El elemento que usualmente toma el color rojo o naranja no puede nacer de la inexistencia, puesto que es dependiente del todo. El mar es calmado y aun así arrastra, ahoga, no escucha nombres ni mira antes de tomar una decisión. La subjetividad es aún más evidente cuando se trata de aquello cuya presencia ya reside en el ser. Las representaciones de los aspectos emocionales pueden asociarse a cualquier elemento, del mismo modo en que la furia suele asociarse al fuego en el entendimiento colectivo, independientemente de que quien reconozca tal asociación sea o no estudiante del alquimismo.