UN MENSAJE PARA EL SALVADOR

Oscar-Arnulfo-Romero17 de junio de 2026news

Un saludo para el pueblo salvadoreño

Sé que el ruido de la guerra te inquieta. Lo veas en las noticias o lo vivas de cerca, es normal sentir miedo, rabia o una profunda confusión. Como tu padre, y como alguien que intenta seguir a Cristo, necesito compartir contigo lo que la Iglesia me ha enseñado, no desde la teoría, sino desde el corazón.

Lo primero que debes saber es que la guerra es siempre una derrota. No es una victoria para un bando y una desgracia para el otro; es una derrota para toda la humanidad. Cada bala, cada bomba, es un fracaso de nuestra capacidad para resolver las cosas como hermanos. Cuando escucho tambores de guerra, no puedo evitar pensar en el lamento de Dios Padre al ver a sus hijos matándose entre sí. San Pablo VI lo gritó ante el mundo: "¡Nunca más la guerra, nunca más!".

Dicho esto, la Iglesia reconoce una realidad muy dolorosa. Existe lo que llamamos el "derecho a la legítima defensa". Un pueblo que es atacado injustamente tiene el derecho y el deber de defenderse. Pero, escúchame bien: este derecho tiene límites muy estrictos. No puede usarse para justificar una venganza ni una ambición de poder disfrazada de justicia. Es lo que llamamos los principios de la "guerra justa", que son como un freno de emergencia, no una bendición para pelear. Para que una defensa sea "justa", el daño causado por el agresor debe ser grave, duradero y cierto; todos los demás medios deben haber sido inútiles; debe haber una posibilidad real de éxito; y, sobre todo, el uso de la fuerza no debe producir males mayores que el que se quiere eliminar. Hoy, con las armas modernas, es inmensamente difícil cumplir todas estas condiciones.

Ante esta locura, ¿qué debemos hacer?

ser sembradores de paz. La paz no es solo la ausencia de guerra. Es la tranquilidad que nace del orden y la justicia. Empieza en tu corazón, en tu casa, en tu forma de tratar a quien te cae mal. No le pidamos a Dios la paz mundial si nosotros no somos capaces de perdonar al hermano. Un cristiano enciende luces, no apaga las que ya están encendidas.

Por último, no pierdas la esperanza. Esa es la virtud del pueblo salvadoreño. Creemos en un Dios que ha vencido al odio con su amor en la Cruz. La guerra y la violencia no tienen la última palabra. La última palabra la tiene la Resurrección. Por eso, incluso en medio del estruendo más oscuro, trabajamos y suspiramos por el día en que, como dice el profeta Isaías, "de las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas".

No te dejes vencer por el miedo. No te envenenes con el odio. Sé un instrumento de esa paz que el mundo no puede dar. Yo siempre estaré aquí para recordártelo, para caminar a tu lado y para recordar juntos que somos hijos de un Dios de amor, no de guerra

Palabras que Óscar Arnulfo Romero nunca dijo

Agradecimientos especiales a Dios padre que me da la vida

🙏