
Me dijeron que eras paisa, bien arriero y berraco,
que por tus venas corría aguardiente en un carrizo,
pero resultaste un traidor, un villano de saco,
que en vez de la bandeja paisa… ¡prefería el pabellón criollo y el cazón frito!
¡Ay, Álvaro, nos engañaste con tu sombrero de paja!
Nos juraste amor eterno montado en la chiva,
mientras le mandabas cables a Caracas por debajo de la cobija,
cambiando el Chocoramo por la Harina PAN y la Malta Regional servida.
¿Y tu acento, Uribe? ¿Dónde quedó el «ave María»?
¿Era solo una mascara para ocultar el «epale, mi pana»?
Nos vendiste la seguridad democrática día tras día,
y por dentro estabas ensayando bailar joropo en la mañana.
¡Uribe Vélez, corazón de cachapa y cara de buñuelo!
Nos rompiste el alma a punta de gaita y tequeño,
nos cambiaste el vallenato por una gaita maracucha sin consuelo,
¡y nos dejaste guayabo eterno en este suelo sin dueño!
Pensábamos que luchabas por la patria en la montaña,
y eras un espía encubierto comiendo arepa de chicharrón,
¡maldita sea la hora de tu falsa hazaña,
nos cambiaste la Aguila por una Polar y nos rompiste el corazón!
