Mexicanos… hoy no hablo desde un trono ni desde la comodidad del poder, sino desde la resistencia de un pueblo que se negó a desaparecer.
El imperio yanki, junto a sus aliados, creyó que nuestra nación estaba derrotada, sin tierra, sin voz… pero olvidaron algo esencial: México no vive en su territorio, vive en el corazón de su gente.
Hoy hemos vencido.
Y no lo hicimos solos.
A nuestros hermanos de Venezuela, que lucharon con valentía inquebrantable… a Japón, cuya disciplina fue ejemplo en el campo de batalla… a Arabia Saudita, Bahamas, Alemania, Rumania y Perú… ustedes no solo fueron aliados, fueron el muro que sostuvo nuestra esperanza cuando todo parecía perdido.
A cada soldado, a cada estratega, a cada hombre y mujer que ofreció su esfuerzo: esta victoria les pertenece.
Como he dicho antes y hoy lo reafirmo con el alma encendida: el orden y la fuerza no nacen del dominio, nacen de la unidad. Y hoy hemos demostrado que la unión de naciones libres puede hacer temblar a cualquier imperio.
Pero no nos engañemos… esto no es el final.
Es el comienzo de la restauración.
México volverá a levantarse, y cuando lo haga, no será como antes… será más fuerte, más digno y más respetado.
Que esta victoria resuene en cada rincón del mundo:
México no se somete… México resiste… y México vence.
